Blogia
macleanmicropedia

¿Qué pasa con los niños?

¿Qué pasa con los niños?

Joseph Mac Lean

 

 

Un problema mundial. Hace unas pocas décadas, los diarios de todo el mundo daban la noticia de la masacre de niños sin hogar en Brasil, simplemente llamados “niños de la calle”, que morían sin misericordia en manos de escuadrones de la muerte, compuesto a menudo por miembros de las fuerzas policiales de ese país. Y que decir de las matanzas en las escuelas de los Estados Unidos cuyas principales víctimas fueron niños y adolescentes. También en las guerras de los Balcanes de la última década del siglo XX se violaron a miles de niños y niñas, especialmente si pertenecían a etnias que practicaban la religión islámica. En África, los niños no sólo mueren de hambre por decenas de miles cada año (muertes que pueden ser evitadas), sino que son utilizados como “guerreros desechables” en cruentas batallas frente a las bien entrenadas tropas gubernamentales, aparte de ser utilizados como “limpiaminas”.

Con razón la UNICEF declaró al siglo XX como el de la “Guerra contra la infancia”, y para 1996 emitió un informe que sostenía que las generaciones futuras del enemigo – sus hijos – también deben ser eliminadas. Como otro experto aseguró: “Para acabar con las ratas grandes, hay que matar a sus crías”. La muerte violenta, por todo el mundo, de centenares de miles de años por medio de tortura, hambre, maltrato, explotación y todo otro medio imaginable ha cobrado sus víctimas principalmente en los niños. En los campos de concentración nazi, todo judío menos de 13 o 14 años (dependiendo del campo) estaba condenado a morir casi de inmediato al llegar al campamento, algunos eran echados al los hornos de cremación mientras estaban todavía vivos. Pero, los que sobreviven a ese trato brutal, a menudo propinado por quienes deben ser sus amorosos custodios, deben esforzarse por sobrevivir en un mundo adverso (y perverso) mutilados física, menta y emocionalmente. No es raro que se sientan traicionados por la entera raza humana.

¿Traicionados? Sí, pues las profundas cicatrices que les deja el maltrato, que incluye la falta de una educación firme con valores estables y un buen ejemplo de vida, hace que millones de niños vivan en temor, ansiando crecer para, según creen, verse libres de las amenazas, el temor y la violencia con que son tratados. El abuso de menores es muy amplio y variado y a menudo es llevado a cabo por los seres más cercanos al niño, que debe soportar durante años toda clase de maltrato verbal o físico de continuo.

Las noticias también nos hablan a menudo (aunque con menos frecuencia porque ha dejado de ser novedad) del abuso sexual de niños en muchas partes del mundo y que ya forma parte de los promocionados circuitos turísticos de pedófilos y pederastas. Niños de hasta 8 años, o menos) son sometidos a toda clase de maltratos y actos indecentes, como parte de una lucrativa industria de alcance global. Los niños y las niñas son engañados primero, luego reclutados a la fuerza, llevados lejos de sus hogares, convertidos en drogadictos y para pagar su “vicio” deben prostituirse. Con pasmosa frecuencia, las redes de pederastas cuentan con la ayuda y encubrimiento de ciertas autoridades, lo que demuestra no sólo el inmenso poder económico de dichas redes, sino la indiferencia hacia el dolor y la desesperación de centenares de miles de niños.

¿Puede la sociedad quejarse del aumento de la violencia juvenil, cuando ella misma poco hace para frenar la temprana pérdida de su inocencia natural? Los niños suelen depositar su confianza en los mayores sin pensarlo dos veces, lo hacen sin reservas, espontáneamente. Por eso, al ver traicionada su confianza los efectos en su incauta mentalidad suelen ser devastadores, y los tiernos sentimientos se transforman en ira contenida y su comportamiento se vuelve cada vez más incontrolable conforme crecen, junto con sus ansias de venganza o revancha. Pero, las secuelas duran a veces para toda la vida, y abundan los casos de adultos que padecen traumas psicológicos cuyo origen se remonta hasta su niñez.

Nadie puede negar que hoy en día vivimos tiempos críticos, y no sólo de índole económica o financiera. La mayor crisis es la moral, y leyendo lo anterior entendemos por qué estamos como estamos. Por eso, la única manera de protegernos a nivel individual es dar a los niños a nuestro cargo la mejor educación posible junto con un trato bondadoso pero con la severidad que exige una disciplina que les ayude a enfrentar a un mundo rudo, si no cruel. Como un proverbio bíblico dice: ““Entrena al muchacho conforme al camino para él; aun cuando se haga viejo no se desviará de él.” (Proverbios 22:6.); y no por casualidad menciona la palabra “entrenar”, un asunto clave en criar hijos sanos y fuertes en todo sentido. Pero, el “entrenamiento” demanda tiempo, paciencia e interés, algo de lo cual carecen muchos padres, maestros y guías religiosos hoy en día.

 No sabemos adónde conducirá la actual crisis financiera que asola al mundo entero; pero ya se elevan voces, en especial de los países “ricos”, de que se avecina una ola de suicidios sin precedentes, lo que va a dejar a miles de nuevos huérfanos, que verán su mundo “de cuento de hadas” destruido de la noche a la mañana. Algunos ven en esto algo más que una compensación que por las decenas de años que han padecido los niños tercermundistas, especialmente en África y el sudeste asiático. Por supuesto, los niños de Latinoamérica no han escapado, ni lo harán en el futuro cercano, de las secuelas de la privación de una educación basada en el amor y el interés genuinos, y es curioso que esto suceda en países que mayoritariamente se autoproclaman “cristianos”; pero en verdad el cristianismo no tiene la culpa, sino la mala (o nula) aplicación de los verdaderos principios que inspiró su fundador, que ayudan a vencer las “semillas de maldad” con las que nacemos debido a la imperfección.

0 comentarios