La televisión basura
La "televisión basura"
Joseph Mac Lean
Se ha puesto de moda la expresión televisión basura que muestra, de modo abundante y abusivo, sexo fácil, concursos absurdos y los llamados reality shows. La programación cotidiana está llena de estos "recursos", cuyo único objetivo es enganchar al televidente al mostrar dramatismo extremo, sufrimiento, violencia y morbo. ¿Por qué se utiliza tanto esa fórmula? Muy sencillo: ¡el morbo vende!
Es cierto que ese tipo de programas de televisión proveen entretenimiento fácil, ligero; sin embargo, hay que pagar un alto precio por ello. Para empezar, el lenguaje que utiliza transmite sensaciones, jamás ideas, así la mente en realidad queda inerte. Sobretodo, crea cierto tipo de adicción a lo mórbido, y esas situaciones tragicómicas contribuyen al cultivo de la curiosidad malsana.
De hecho, pocos advierten que el "hedor" que contienen dichos programas basura, llega a convertirse en una necesidad, lo cual en términos médicos se lama cacosmia. No sólo el individuo se habitúa al "mal olor" de esa programación, sino que también llega a anhelar su visualización, lo cual es sumamente grave.
Lo que es peor, es que en esos programas se ridiculiza a otros de mayor y mejor contenido cultural, que sí contribuyen al desarrollo personal. Aunque estos últimos demandad un poco más de esfuerzo, nunca lo dejan a uno vacío, sino por el contrario uno adquiere un mejor criterio para evaluar las cosas.
A diferencia de la "televisión basura", que invita a entretenerse con el dolor (o a veces el éxito) ajeno, la cultura hace al hombre más libre, y lo más importante, más humano. Ser culto es ser rico por dentro, y así somos capaces de interpretar correctamente el quehacer humano.
Lamentablemente los que sufren de "cacosmia intelectual", y prefieren la "televisión basura", casi en forma exclusiva (en la cual incluyo a las telenovelas), quedan indefensos mentalmente, y llegan a ser presa fácil de la manipulación de cualquier mensaje.
La cultura, en cambio, proporciona al hombre la capacidad de entender el mundo que lo rodea y moldea, y le revela sus verdaderas posibilidades de enfrentársele con éxito, si fuese eso necesario. La cultura promueve el dinamismo y propende a la acción; la "televisión basura" no, deja a sus consumidores vacíos, inmóviles y paradójicamente agotados.
Se requiere un gran esfuerzo para educar la voluntad hacia la cultura. Es necesario estimular la inquietud por sus distintas fuentes: la literatura, el arte, la música, y algo muy descuidado, la buena conversación. Sin cultura está uno perdido, a la deriva en este mundo tumultuoso, agresivo, feroz, ’llevado de aquí para allá como las olas impelidas por el viento’, y eso nunca es agradable, ¿verdad? A menos cultura (y no me refiero sólo a la acumulación de conocimientos), mayor es el campo de cultivo a los manipuladores malintencionados, ya sea en la política, la religión y el comercio.
Con un mundo tan globalizado, no es posible sentirse satisfecho con conocer lo básico de la cultura occidental, aunque sí sería un buen comienzo. Fuera de Occidente, viven millones de personas con valores, principios y prejuicios diferentes, pero con las que debemos interactuar a menudo.
La cultura de un individuo no la compone el cúmulo de informaciones que posea, sino la valoración correcta que, mediante tales conocimientos, tiene de sí mismo y del mundo. Es la aplicación benéfica, sin ostentación, de dicha información para la solución de problemas lo que al final marca a una persona como verdaderamente culta. Lamentablemente la "televisión basura" nunca ayuda a alcanzar tal elevado objetivo.
Hay varios caminos para llegar a ser una persona culta, pero el primer paso es abandonar definitivamente toda clase de "televisión basura": Adiós a los reality shows, a los chismes y ampays, a los concursos bobos, a las entrevistas banales. Si le es posible, apague el televisor y visite su propia biblioteca. D seguro encontrará un buen libro que usted haya pospuesto su lectura y que le resultará mucho más beneficiosos hacerlo. No le hará mal repasar, de vez en cuando, un buen diccionario, aprender nuevos sinónimos y antónimos, resolver crucigramas, sudokus o cualquiera de esos retos mentales que proveen los buenos periódicos. Por supuesto, consular una buena enciclopedia es fundamental, o prepararse una, a modo personal, como estoy haciendo yo, puesto que no puedo costearme una.
El tiempo disponible que haya obtenido de cancelar la "televisión basura" puede dedicarlo a (a) aprender un nuevo idioma, a (b) leer revistas culturales edificantes (no de chismes o vanalidades), (c) aprender un oficio o manualidad (que tal vez le permita, con el tiempo, ganar un dinero extra), y (d) mantener conversaciones con personas bien informadas y formadas, de amplia cultura. Aunque le parezca risible, visite con regularidad una biblioteca, un museo, una galería, una exposición o conferencia. También puede visitar los lugares de interés cultural, turístico o histórico de su localidad. Escoja alguna buena obra de teatro, incluso una buena ópera, zarzuela o ballet. Recuerde que ahora es posible conseguir todo ese material cultural en dvd y los puede disfrutar en la comodidad de su hogar, junto a su familia. No se contente con asistir únicamente a los conciertos de música popular, que entretienes, sí, pero rara vez educan.
Si verdaderamente quiere usted emprender el camino de la cultura debe conocer algo de las bases de la cultura occidental: 1) el mundo griego antiguo; 2) el mundo romano antiguo; 3) el pensamiento hebreo, y, 4) el cristianismo primitivo y su derivación en la cristiandad a partir del siglo IV de la era común. Empezar por ahí, le llevará a conocer, en detalle, a muchos personajes, lugares y hechos históricos que han contribuido de un modo u otro, para bien o para mal, a forjar el mundo que nos cobija en la actualidad.
La "televisión basura" jamás le aportará nada de eso. Por eso, evítela como evitaría a alguna enfermedad mortífera, porque eso es lo que es, y disfrutará de una salud mental, moral y espiritual envidiable, y se volverá más culto. ¿Qué espera? ¡Manos a la obra!
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