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Cómo llevarse bien con un compañero de vivienda

Cómo llevarse bien con un compañero de vivienda

 

Debido a múltiples circunstancias, cada día es más común que muchos jóvenes decidan independizarse de sus padres y alquilen una vivienda para vivir solos o con uno o más compañeros. En este último caso, se toma esta decisión a fin de compartir los altos costos del alquiler y mantenimiento de una vivienda.

A menudo, es imposible para algunos jóvenes llegar a tolerar las diferencias de un desconocido. Hay que considerar que por lo general no estaban muy dispuestos a tolerar la personalidad de algunos (o de todos los) miembros de su propia familia. Y, debido a su poca experiencia, a menudo detienen su proceso de aprendizaje demasiado pronto, lo que no les permite desarrollar una adecuada tolerancia hacia los demás: una fuente potencial de conflictos.

Independientemente de los motivos que lleven a un joven a vivir fuera de la casa de sus padres, siempre habrá situaciones difíciles y algunas tensiones que no existían antes. De otro lado, el vivir con alguien más puede resultar beneficioso tanto para compartir las cuentas y las tareas, más o menos equitativamente, así como para obtener compañerismo en tiempos de crisis.

Pero, vivir con alguien extraño, siempre va a ser difícil, a pesar de cuanto esfuerzo hagan las partes. Siempre surgirán discrepancias, a veces en asuntos menudos o detalles insignificantes. De hecho, en la mayoría de las universidades estadounidenses laboran expertos que tratan exclusivamente problemas de convivencia entre sus estudiantes.

La vida con un extraño

Debes comprender de antemano que, por muy apasionante que pueda parecer la idea, el hecho de vivir con un extraño es todo un reto. Debes aceptar que no sabes nada respecto a los hábitos, metas y costumbres de esa persona, lo que prepara el terreno a inevitables conflictos y roces.

Es importante que desde el principio se reconozca que cada uno tiene antecedentes diferentes y una personalidad propia que a veces tiene dos facetas: una exterior y otra más íntima. Eso es normal, y no constituye necesariamente un problema psiquiátrico ni mucho menos. Hay personas que socialmente son muy locuaces, si eso conviene a la convivencia social, pero ser a la vez muy reservadas en su vida íntima. Otras son poco dispuestas a hablar y más bien se encierran en su habitación por horas, cruzando apenas algunas palabras con su compañero de cuarto. Son rasgos que debemos aceptar sin excusas.

Se ha de comprender que las personas que se independizan, lo hacen por desear “hacer las cosas a su manera”; sin embargo, pronto se dan cuenta que deben tener en cuenta los gustos, las costumbres y los sentimientos de otra persona, que tiene a la vez otra manera de enfrentar la vida y sus retos.

Es raro encontrar que dos personas coincidan en casi todo detalle importante de la convivencia. Por ejemplo, uno es casi siempre más ordenado que el otro, o es más limpio que el otro. Unos aman las mascotas y otros las detestan. También algunas personas parecen tener mucha energía tarde en la noche, mientras que para la otra la mañana (incluso la madrugada) es una fuente de energía inigualable. De antemano, parece que esas cosas se pueden superar fácilmente. La realidad es muy diferente. Soportar la suciedad y el desorden, o los ruidos molestos puede ser algo insalvable para muchas personas. De otro lado, vivir con un fanático de la limpieza o un perfeccionista tampoco es agradable del todo. El equilibrio siempre es importante, pero cuan difícil es de conseguir.

Otro asunto a considerar es la importancia que se concede a la higiene personal, al entretenimiento (en clase, cantidad y calidad) y al manejo del dinero y la actitud hacia cumplir con sus obligaciones. El uso del teléfono común y de la Internet puede resultar en otra fuente de problemas, si no se pueden dar el lujo de tener una conexión personal. Parece que la lista puede ser más larga de lo que se pensaba, ¿verdad? Y así es.

La necesaria intimidad

Es comprensible que todos necesitemos de algunos momentos de soledad. A menudo tenemos el deseo de tirarnos en la cama sin hacer nada, dormir o simplemente ver televisión. Pero, cuando se vive con alguien es difícil hallar momentos de soledad, especialmente si nuestros ritmos biológicos o intereses son diferentes. Es interesante recordar que hasta Jesucristo requería de algunos momentos a solas: “Al oírlo, Jesús se retiró de allí en una barca a un lugar solitario en busca de aislamiento” (Marcos 14:13). Pero resulta mucho más frustrante desear estudiar, leer, orar o meditar cuando tenemos a alguien cerca en constante actividad o haciendo mucho ruido que nos dificulta el hacerlo.

Otro aspecto a considerar es la intimidad sexual. Dado que ya están pagando un alto alquiler por una vivienda, a muchos jóvenes que mantienen habituales relaciones sexuales con una o más personas les resulta oneroso tener que irse a un hotel a fin de satisfacer sus necesidades. O tal vez, el pudor les impida dar a conocer a su pareja sexual aun a su propio compañero de cuarto. Es sabido, que establecer acuerdos para estar a solas en casa con su pareja, puede resultar inconveniente o incómodo para la otra persona. O tal vez, la frecuencia de encuentros sexuales o la opción sexual de su compañero de habitación le resulte hasta repulsiva a usted. De todos, modos independientemente de cuan malas, en sentido moral, considere usted las relaciones sexuales, puede que las decisiones de su compañero al respecto constituyan una barrera insalvable en el futuro.

Se requiere “sabiduría práctica”

Aunque lo deseable es encontrar a una persona que comparta nuestros principios, gustos y aficiones, no siempre es así. A veces no nos queda más remedio que aceptar a cualquier persona para que comparta con nosotros los gastos y nuestra vida. Por eso, es necesario ejercer abundante sabiduría práctica. De hecho, la Biblia advierte que “Las malas compañías echan a perder los hábitos útiles” (1 Corintios 15:33). Puede que tu compañero sea dado a la bebida, adicto a las drogas o a la pornografía, y tú no compartes el mismo gusto por eso. También sería bueno considerar si tu compañero de cuarto tiene preferencias sexuales distintas a la tuya, como la homosexualidad o la bisexualidad por ejemplo. ¿Es algo que podrás soportar en el futuro? Otro asunto a tomar en cuenta es el lenguaje. Algunas personas no ven nada de malo en usar siempre un lenguaje soez, no importa quien esté presente; mientras que otras personas sólo lo emplean ocasionalmente. Finalmente, las amistades de ambas partes tienen el mismo derecho de hacer visitas y esto aumenta los gastos o las tareas de limpieza de la casa; pero a menudo siempre es una de las partes quien tiene más visitas que la otra.   

Otra cuestión a considerar son los altos costos de alquiler que obligan a veces a escoger una vivienda en barrios peligrosos, por ser más baratos. ¿Ejercemos en verdad sabiduría práctica” si así lo hacemos? Podemos sufrir asaltos o robos frecuentes o vivir en zozobra constante debido a los peligros y el delito que nos rodee. Además, podemos quedar aislados de nuestros antiguos parientes y amigos que se negarán a visitarnos en tales lugares.

Eligiendo a un compañero

Una fuente puede ser en la escuela o universidad donde asistes. También puedes buscar en tu agrupación religiosa, dado que por lo general comparten los mismos principios y valores espirituales. Un pariente joven cercano puede ser otra opción, como un primo con el que te lleves bien por ejemplo. Mientras más opción tengas, mejore decisiones podrás tomar. No olvides que puedes compartir tu vivienda con alguien algo mayor que tú también, aunque los retos son algo diferentes después de todo.

Siempre será necesario que investigues un poco a tu “candidato” y que a la vez seas franco en tu habla y tus expectativas. Debes evitar dar la impresión de que todo deberá hacerse a tu manera pues no estás adquiriendo una mascota, sino a un compañero. No es difícil obtener alguna información de la otra persona, pero debes estar dispuesto a que él te investigue de la misma forma. De una u otra forma, todos tenemos una reputación y muchas personas estarán dispuestas a divulgarla por nada. Pero, algo importante a considerar es la estabilidad emocional de la persona y su estado de salud en general. ¿Tiene problemas psicológicos evidentes? ¿Está siguiendo algún tipo de terapia o tratamiento? ¿Requiere algún tipo de cuidado médico constante? ¿Es diabética o hipertensa, por ejemplo? No es incorrecto preguntar si se padece de alguna enfermedad infecciosa, como el SIDA por citar alguna. ¿Estoy dispuesto a ser una fuente de ayuda permanente de surgir una crisis? Por otro lado, debemos informar con franqueza a nuestro probable compañero de nuestras propias deficiencias o problemas de salud.

La Biblia dice, “el que está andando con personas sabias se hará sabio” (Proverbios 13:20). Y, se debe reconocer que aun muchos jóvenes son muy sabios y rectos en su vida, lo que puede ser un estímulo para nuestro propio crecimiento personal. ¿Estamos dispuestos a contribuir con él en sus esfuerzos por seguir llevando una vida recta, y hasta llegar a imitarles en algún aspecto? Existen muchos jóvenes estudiosos con grandes deseos de progresar intelectualmente. Si hacemos nuestra parte podemos también contribuir a que alcancen sus metas personales evitando actividades que le distraigan.

Al conversar con un probable candidato se debe evitar el exasperante tono de interrogatorio. Hay quienes se muestran más dispuestos que otros a expresarse en casi todo asunto imaginable y digno. Otros son muy tolerantes y flexibles y se ajustan a penosas circunstancias. Es importante, como ya se ha dicho, que se conozcan las preferencias artísticas (los gustos musicales por ejemplo) y los pasatiempos. ¿Por qué? Pues para descubrir cuan dispuestos estamos a soportar esas diferencias.

No se debe olvidar el preguntar acerca de las metas de la otra persona a corto y mediano plazo. De hecho, suele ocurrir que descubran que tienen algunas metas similares y que se pueden ayudar mutuamente a alcanzarlas. Triste es decirlo, pero algunos jóvenes carecen de metas claras u objetivas respecto a su futuro. Puede haber problemas si la otra persona es inconstante y poco leal a sus compromisos.

Los aspectos domésticos deben tenerse en cuenta. ¿Sabe cocinar, por ejemplo? ¿Le agradan las tareas de la casa? ¿Tiene alguna mascota o desearía tener una en el futuro? Hablar con franqueza respecto a estos asuntos suele evitar malos entendidos y conflictos así como sentimientos heridos y mucha riña. No sin razón dice la Biblia , en Proverbios 20:18: “Por el consejo los planes mismos se establecen firmemente”.

Calculando los gastos

Puesto que vivir independientemente es algo temporal, se debe calcular el costo financiero y emocional del acuerdo. Por lo general es provechoso que los gastos básicos y comunes se dividan equitativamente, al menos al principio. Conforme progresa la convivencia será conveniente efectuar los ajustes necesarios a fin de lograr un pago equitativo considerando el consumo real de algunos servicios, por ejemplo el teléfono, la energía eléctrica, la Internet , el gas y otras cosas. Los alimentos y los insumos de higiene y limpieza deben ser tomados en cuenta también. ¿Cada uno comprará sus propios artículos, o los comprarán al por mayor sin tomar en cuenta la calidad o la marca a fin de ahorrar algo de dinero? Siempre habrá quien consuma más de una cosa que el otro, y en pocos casos eso se equilibra con el consumo de otro artículo. Como sucede a menudo, los compañeros de vivienda no tienen salarios similares, ni cercanamente, o no tienen las mismas responsabilidades familiares o los mismos planes de ahorro o inversión, si acaso.

Dado que existe mucha incertidumbre en el campo laboral, es preciso establecer un fondo de contingencias que permitan cubrir los gastos pendientes de pago antes de abandonar la vivienda, si la garantía solicitada por el dueño no llegara a cubrirla. ¿Estaremos dispuestos a pagarla por entero si nuestro compañero fallece, se enferma gravemente o sencillamente se encuentra desempleado por largo tiempo? Es cierto que algunos ajustes se deben hacer en el camino, pero establecer un contrato por escrito facilitará la toma de decisiones si azota un problema.

Cuando surgen dificultades mayores

Por lo general, los principales conflictos surgen por diferencias menores. Pero, también problemas serios o graves pueden surgir de un momento a otro. De hecho, los compañeros de vivienda pueden resultar ser tus mejores amigos o tus peores enemigos. Por eso, vivir con alguien extraño es un gran desafío, no importa cuanto esfuerzo pongamos de nuestra parte o cuan flexible o tolerante sea la otra persona.

Debido a la inexperiencia, es frecuente que los jóvenes sientan muy pronto una profunda nostalgia del hogar paterno. Quizá lo vean ahora como un refugio mucho más seguro y tranquilo y crean que va siendo la hora de “volver al nido”. Sin embargo, recordar que hemos hecho un acuerdo con nuestro compañero nos obligará a no dejarnos conmover rápidamente de nuestro compromiso. Eso nos capacita a desarrollar lealtad, aun en medio de circunstancias difíciles. Es cierto, que la lealtad no es una  cualidad muy común hoy en día. De hecho la Biblia habló que en los tiempos postrimeros, “los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, traicioneros, testarudos, hinchados [de orgullo], amadores de placeres más bien que amadores de Dios,” (1 Timoteo 3: 2-4). Haz de tener en cuenta que la Biblia nos anima a tomar en cuenta los sentimientos y beneficios de la otra persona, aun a costa de nuestros propios intereses.

Es importante, que a pesar de las diferencias, se haga un esfuerzo sincero por compartir algunas actividades, como practicar algún deporte o participar en alguna afición o evento artístico. Si pertenecen a la misma religión podría asistir a los mismos servicios religiosos, lo que contribuiría a estrechar los lazos de amistad, a pesar de obvias diferencias en otros campos.

Si aprendemos a manejar situaciones desesperadas, o al menos estamos dispuestos a efectuar algunos sacrificios en pos de la paz, las inevitables imperfecciones que se hacen evidentes durante la convivencia pueden derivar en crecimiento personal y el fortalecimiento de nuestra personalidad y carácter. Además, nos pueden preparar para una futura convivencia conyugal.

Lo importante no es establecer una lista interminable de reglas que regulen cada aspecto de la vida. Si estamos dispuesto s seguir con un principio cristiano, llamado La Regla Áurea (“Por lo tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos”, Mateo 7:12) evitará que nos resintamos cuando nuestro compañero no alcanza nuestras expectativas o comete alguna falta o indiscreción. A veces basta con ceder un poco en nuestras demandas y derechos para alcanzar una armonía aceptable.

La Biblia también anima a “liberales, listos para compartir” (1 Timoteo 6:18). Puede suceder que tu compañero use o consuma algún artículo que habías reservado para ti. Busca maneras amables de informarle por qué te causa malestar ese abuso de confianza, pero evita buscar maneras de vengarte. “Respetos guardan respetos”, dice un conocido refrán español. Por eso, evita “tomar prestado” algo de tu compañero sin habérselo pedido o esperar su consentimiento. Si tienen habitaciones separadas, no olvides tocar la puerta antes de entrar y no entrar en la otra habitación si la persona no está presente a menos que resulte absolutamente necesario. Si tiene su propio teléfono evita utilizarlo y de hacerlo no olvides informarle y compensarle de alguna forma por el gasto excesivo.

Siendo todos imperfectos no podemos evitar cometer errores. Aun personas muy maduras tienen disputas serias de vez en cuando. La diferencia de personalidad y los gustos o los malos entendidos pueden hacer naufragar la más estrecha amistad. Lo importante es descubrir maneras de resolver las diferencias y no sólo de ganar las disputas. Los compañeros de vivienda, dados los mutuos intereses que los unieron, necesitan desplegar mucha paciencia, tolerancia y flexibilidad a fin de evitar llegar al paso más drástico: mudarse. ¿Qué puede ayudar? Piense en los siguientes principios bíblicos:

·         “No hac[er] nada movidos por espíritu de contradicción ni por egotismo, sino considerando con humildad mental que los demás son superiores a ustedes.” (Filipenses 2:3.)

·         “Que se quiten toda amargura maliciosa y cólera e ira y gritería y habla injuriosa, junto con toda maldad. Más bien háganse bondadosos unos con otros, tiernamente compasivos, y perdónense liberalmente unos a otros, así como Dios también por Cristo liberalmente los perdonó a ustedes.” (Efesios 4:31, 32.)

·         “Por eso, si estás llevando tu dádiva al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu dádiva allí enfrente del altar, y vete; primero haz las paces con tu hermano, y luego, cuando hayas vuelto, ofrece tu dádiva.” (Mateo 5:23, 24)

·         “No se ponga el sol estando ustedes en estado provocado” (Efesios 4:26)

·         “Yo, por lo tanto, el prisionero en [el] Señor, les suplico que anden de una manera digna del llamamiento con el cual fueron llamados, con completa humildad mental y apacibilidad, con gran paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose solícitamente por observar la unidad del espíritu en el vínculo unidor de la paz.” (Efesios 4:1-3)

·         “Pues por la bondad inmerecida que se me ha dado digo a cada uno que está allí entre ustedes que no piense más de sí mismo de lo que sea necesario pensar; sino que piense de tal modo que tenga juicio sano, cada uno según le haya distribuido Dios una medida de fe.” (Romanos 12:3)

·         Por otra parte, los exhortamos, hermanos: amonesten a los desordenados, hablen confortadoramente a las almas abatidas, den su apoyo a los débiles, tengan gran paciencia para con todos. (1 Tesalonicenses 5:14)

 

 Es cierto que aplicar los principios bíblicos resulta muy difícil la mayor de las veces. Pero no cabe duda de que si los aplicamos con la mayor frecuencia posible los beneficios resultan evidentes. Salvo que la integridad física o moral de uno esté en peligro, no hay razón para dejar de esforzarse en llevar una vida en común, sin importar lo jóvenes que seamos. A veces resulta que la experiencia de vivir lejos de la casa de los padres ayuda a los jóvenes a valorar lo que realmente tenían en casa a pesar de otras carencias. Muchos deciden regresar al seno paterno y permanecer allí hasta el momento en lo vuelven a dejar para emprender su propia familia o llevar una vida independiente ya de adultos.

 

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