Blogia
macleanmicropedia

Para una lectura amena de la Biblia

¿Cómo puedo hacer más amena la lectura de la Biblia?

 Joseph Mac Lean


Es claro que a mucha gente no le gusta leer, y mucho menos leer una obra voluminosa. La Biblia es uno de esos retos que la mayoría de las personas evade. A su juicio, es un libro lleno de palabras y mensajes difíciles de entender. Y todavía hay más: Con bastante frecuencia, llegan a la apresurada conclusión de que sus normas morales son anticuadas, o imposibles de practicar en un mundo secularizado. En suma, para que dedicar tiempo en una obra tan aburrida.

Además, en especial los jóvenes, se tiene tanto que hacer en tan poco tiempo. Se debe estudiar, trabajar, atender a responsabilidades de familia y, por supuesto, divertirse. Así que, es muy natural que queden pocas energías para leer la “Palabra de Dios”, aunque sea eventualmente.

Vamos entonces a pensar en tres sugerencias prácticas para, en principio, llegar a leer algunas partes útiles de la Biblia y encontrarle un sentido o uso práctico a sus antiguas (no anticuadas) enseñanzas.

Se necesita tiempo

Si practicas algún deporte o tienes una afición particular es obvio que haces todo esfuerzo posible para hallar el tiempo justo para ejercitar eso que te agrada, ¿verdad? No hay excusas, no hay demoras; sencillamente dejas todo lo demás a un lado y te dedicas a lo tuyo.

Debido a que tal vez no tengas el hábito de la lectura bien arraigado, se te haga difícil pensar en dedicar algo de tu valioso tiempo a leer la Biblia ; pero si empiezas poco a poco verás que puedes llegar a disfrutar de su lectura habitual tanto o más como te resulta de practicar tu deporte favorito. De hecho, la Biblia reconoce lo siguiente: “Porque el entrenamiento corporal es provechoso para poco; pero la devoción piadosa es provechosa para todas las cosas, puesto que encierra promesa de la vida de ahora y de la que ha de venir” (1 Timoteo 4:8).

Sin embargo, debemos reconocer que el tiempo es escaso, y así lo acepta el registro bíblico: “Vigilen cuidadosamente que su manera de andar no sea como imprudentes, sino como sabios, comprándose todo el tiempo oportuno que queda, porque los días son inicuos” (Efesios 5:15, 16). Por eso, es necesario hacer una evaluación honesta y dedicar menos tiempo a actividades no tan importantes, como ver televisión por ejemplo o pasar muchas horas conversando por teléfono o en la computadora. Para eso, es preciso que hagas un horario, es decir un registro del tiempo que dedicas a cada una de tus actividades. Luego, tú mismo podrás decidir como reorganizar tu tiempo para dedicarle unos diez a quince minutos diarios a leer la Biblia. ¿Es eso mucho pedir? O tal vez, decidas encontrar una media hora a la semana. No es muy difícil, ¿verdad?

Otro asunto a considerar es que tú debes elegir el momento apropiado del día para leer. A veces puede ser más provechoso leer por la mañana temprano, antes de levantarte de la cama. Pero, habrá ocasiones en que mejor sería al acostarte y antes de dormirte. La flexibilidad es fundamental y paulatinamente encontrarás por ti mismo el momento adecuado para leer con regularidad. Es importante que tengas tu propio ejemplar de la Biblia cerca de ti, sobre tu velador por ejemplo, o sobre tu escritorio. Es un asunto que debes resolver tu mismo.

Orar

Hay que admitir que algunos pasajes bíblicos son tediosos, y por tanto desaniman su lectura continuada. Pero, la verdad es que no hay ni una pizca del registro bíblico que sea vano o innecesario, aunque te parezca mentira. De hecho, poco a poco verás que su Autor, Dios, desea que toda persona comprenda cabalmente lo que ha revelado en Su Palabra. Él se encargará que de una manera u otra te llegue la ayuda necesaria para comprender algún pasaje difícil. (Hechos de los Apóstoles capítulo 8 versículos 26 al 39, por ejemplo)

Por eso, el primer paso para una lectura más eficaz de la Biblia es la oración. Usa tus propias palabras, breves pero que demuestren la intención de tu corazón: conocer, entender y aplicar lo que Él dice en Su Palabra. Sólo así podemos iniciarnos en esta apasionante investigación personal. En el futuro, verás lo fácil que te resulta recordar algunas enseñanzas o ejemplos bíblicos cuando te enfrentes a pruebas severas o frente a decisiones complicadas.

También, puedes volver a orar durante la lectura y al final de ella, si percibes que estás perdiendo el interés o tu mente empieza a perder concentración. Al final de tu lectura, puedes agradecer a Dios por haberte permitido conocer algo de Su Voluntad o de Su Propósito. Esto fortalecerá tu decisión de continuar leyendo y estrechará tu relación con Dios y fortalecerá tu fe.

Encuéntrale valor práctico

Quizá has escuchado que la Biblia es aburrida. Quizá hasta te hayas dado cuenta de la tremenda hipocresía de personas muy religiosas. Saben mucho pero aplican poco o nada de lo que saben de la Biblia. Es comprensible que eso te desanime de leer, o continuar leyendo la Biblia. Es cierto también que la Biblia es un libro muy antiguo que habla de personajes que por lo menos han muerto hace dos mil años.

Sin embargo, todos los expertos y sabios de este mundo consideran que junto con la Iliada y la Odisea , los dos poemas épicos de la Grecia Antigua escritos por Homero, la Biblia es fundamental para entender a la cultura o civilización occidental. Además, la Biblia posee un valor literario inigualable, por lo que su lectura es imprescindible a toda persona medianamente culta.

La Biblia misma reconoce que: “ La Palabra de Dios es viva y ejerce poder” (Hebreos 4:12), pero también es cierto que se necesita entenderla para empezar a percibir ese valor práctico que contiene. Por eso, debes concentrarte en un tema a la vez y no continuar aprendiendo cosas nuevas hasta que te des cuenta de que la entiendes, aunque no sea a profundidad. A continuación debes intentar buscar una manera de aplicar lo que has aprendido y entendido, a pesar de lo difícil que a menudo resulte eso.

Una ayuda práctica es situarse en el terreno de los hechos. Puedes preguntarte: ¿Cómo hubiese actuado yo en tal caso? Eso es de una gran ayuda. Sea cual sea la historia o relato que estés leyendo, como muy pronto descubrirás, siempre habrá una enseñanza para la vida actual, para tu propia vida. La decisión de actuar en armonía con la Palabra de Dios o no, estará en tus manos y así podrás comprender lo difícil que le resulta a otros vivir en armonía con ella.

Conforme pasen los días y semanas, verás que lo importante no es la cantidad de lo que leas, sino la calidad y el grado de entendimiento que adquieras. Tu deseo debe ser siempre “percibir lo que es la buena y la acepta voluntad de Dios” (Romanos 12:2). Te sorprenderá como en poco tiempo dominas algunos pasajes bíblicos que antes te resultaban incomprensibles, y hasta puede que te encuentres recomendando a otros la lectura de la Biblia.

En especial, hay tres campos en los cuales uno puede hallar maneras de aplicar lo que uno aprende: (1) Doctrina, (2) Conducta, y, (3) Actividad. Eso ya depende de tu propio ritmo de vida, tu formación religiosa y tus metas y experiencias en la vida. Pero, no lo dudes, la Biblia siempre tendrá algo sensato que decir respecto a la mayoría de cosas importantes del ser humano. Además responde, como ninguna otra fuente, a preguntas fundamentales que aún tienen perpleja a la Humanidad.

Persevera

No es fácil apegarse a un horario de lectura de la Biblia. Tal vez debas hacer algunos ajustes en tu horario de vez en cuando. Los artículos que recibirás con regularidad te ayudarán a perseverar en esta meta, pero de todos modos deberás hacer tu propia lectura y reflexión personal. Además, la manera como aplicarás o no lo que aprendes queda bajo tu absoluta responsabilidad y decisión.

 Los beneficios serán abundantes si perseveras. Habrá quienes traten de desanimarte o de repente traten de influenciar en tu entendimiento. Por eso es importante que tú, personalmente, leas cuidadosamente las escrituras para ver si las cosas (que te dicen) son realmente así. (Hechos de los Apóstoles 17:11.

Especialmente si eres joven, necesitas ganar experiencia en muy breve tiempo, dada la feroz competencia que hoy en día caracterizan a este mundo. Sin embargo, aunque obtener ventajas materiales es vital, la vida no resulta de las cosas que obtienes o posees, ni de tus logros académicos o financieros, como ya te habrás dado cuenta. Para ser feliz y tener un aceptable sentido de éxito hace falta mucho más que una buena cuenta corriente o un buen puesto de trabajo.

Como ya habrás experimentado, muchos jóvenes con un futuro prometedor han arruinado sus vidas al contraer enfermedades o adicciones dañinas, o se han convertido en padres o madres de familia sin haber concluido su preparación como hijos. No son pocos los adolescentes que se suicidan o llevan una vida sin esperanza, a pesar de tener muchas ventajas materiales. De seguro, conoces a más de un joven amigo o pariente así, ¿no es verdad? Asimismo, no faltará algún amigo o pariente mayor que te habrá comentado cuánto lamenta sus errores de juventud y cuánto daría por regresar y enmendar el rumbo o cambiar sus decisiones. Eso es imposible, y tú lo sabes. Pero, puedes ahorrarte mucha vejación y dolor si desde ahora aprendes a tomar decisiones sabias y a llevar una vida equilibrada. Sólo así podrás comprender de que a pesar de cuanto nos fallen los seres humanos, nuestros padres incluidos, todavía tenemos un “Padre en el cielo”, que se interesa de verdad en nuestro bienestar presente y futuro (Compara con Mateo 6:9-10).

0 comentarios