Cuando los padres se separan (1)
Cuando los padres se separan (1)
Una de las experiencias más dolorosas para los hijos es cuando sus padres deciden separarse, y ulteriormente divorciarse. El sentimiento de frustración y soledad puede afectarles por el resto de sus vidas, si no se toman algunas precauciones, dependiendo de la edad.
¿Por qué?
Los sentimientos encontrados que inundan a los hijos son variados: ira, desconcierto, vergüenza, temor, culpa, y hasta deseo de venganza. Los que hemos atravesado por esa desgracia sabemos que algunas (si no todas) esas emociones se conjugan siempre para mal... al menos al principio.
Es natural que todos los miembros de una familia deseen vivir juntos; para eso se constituyó la familia. Sin embrago, la falta de uno de los padres, sin importar quien tenga la culpa, genera un sentimiento de vacío o soledad; más aún si el hijo desconoce los reales motivos de la separación. Algunas parejas han ocultado muy bien sus dificultades, pero estaban allí, al acecho. Hasta cuando los padres no riñen, puede ocurrir un divorcio de sorpresa para todos.
Por lo común, los hijos pequeños creen de inmediato que ellos tienen algo que ver en el asunto: “Se han divorciado por mi causa”, “Es que no me porto bien algunas veces, por eso pelean”, “Seguro alguno de ellos no quería que yo nazca”. Muchas veces esos pensamientos permanecen ocultos. Sin embargo, la causa más común de separación y divorcio es la infidelidad conyugal, y esta ocurre por que uno de los cónyuges dejo de amar al otro, o sencillamente dejó de respetar o considerar valioso su matrimonio. No es extraño que se presenten muchos episodios de discusión, peleas y agresión grave, lo que a veces no permite ver las reales causas de la separación.
Es comprensible que, debido al caos emocional por el que atraviesan, los padres no atinen a dar respuestas certeras a sus hijos, lo que agrava el problema. Puede también que, como humanos imperfectos, los padres tiendan a minimizar sus propias faltas y agranden las de su cónyuge, lo que sólo aumenta el desconcierto en los hijos: “¡Pero, mamá, papá no es así”, o viceversa.
“¿Debe arruinar mi vida?”
Los sentimientos encontrados que se originan debido al divorcio pueden hacer pensar a los hijos que su vida está totalmente arruinada. Y, lamentablemente, algunos permiten precisamente eso.
Es natural sentirse triste al principio, lo que hace que no aprecies las cosas buenas que todavía tienes, entre ellas, un sendero de vida por delante que te permitirá evitar los problemas que dieron lugar al divorcio de tus padres. Lo que nunca deben permitir los hijos es que las malas actitudes o la mala conducta agraven aún más a la ya debilitada familia. Es cierto que no resulta fácil, pero acarrearse problemas en la escuela o el vecindario, recurrir al alcohol o las drogas, o vagabundear por ahí puede parecer que te liberta momentáneamente; pero a la larga estás arruinando tu futuro y ocasionándole más dolor a tus padres.
A pesar de que uno o ambos padres hayan relajado la disciplina que el hijo se merece, este haría bien en reprimir cualquier intento de rebelión en contra de sus padres. Recuerda: las consecuencias de los malos actos las paga primera y principalmente quien las comete. Aunque no es agradable vivir en un ambiente de tensión, es contraproducente pensar irse de casa. Esa sigue siendo tu familia, sólo que está pasando por un mal momento que ya pasará con el tiempo. Allí todavía puedes obtener algunas cosas valiosas que no recibirás en ninguna otra parte.
Afortunadamente, el fracaso matrimonial no se hereda, como sí quizás el color de los cabellos o los ojos. Cuando pase la tormenta los hijos podrán ver con claridad la raíz de los problemas de los padres y evitar sus malos frutos. Al fin y al cabo el matrimonio en sí no tiene la culpa, ¿verdad?, como lo demuestra la multitud de matrimonios exitosos que perduran en el tiempo. Con la madurez los hijos aprenderán que incluso las malas experiencias nos dejan enseñanzas valiosas de vida.
Es raro que los padres castiguen a los hijos privándolos de alimento, ropa, educación y diversión. Lo que puede suceder es que sencillamente ahora sea en menor cuantía, o calidad, o frecuencia. Es natural que el nivel de vida disminuya un poco, aunque eso no sucede en todos los casos. Todavía los jóvenes disponen de vigor físico e intelectual que les permite soportar cualquier confusión emocional originada por la separación de sus padres.
“¿Qué puedo hacer yo?”
Dejar de pensar que se tuvo la culpa en algo. Es comprensible que los hijos, en especial los más pequeños, abriguen la esperanza de ver juntos a sus padres nuevamente, y, conforme pasa el tiempo, y sus expectativas no se realizan, pueden decaerse o deprimirse. Pueden llegar a tener problemas en la escuela o volverse retraídos, huraños. Los más jóvenes también pueden sufrir mucho con la ausencia prolongada de uno de sus padres, sin embargo esto puede resultar en ventaja si aprovechan bien su temprana libertad de la vigilancia de uno de sus padres. No es común que los padres se divorcien por causa de los hijos. Al contrario, a causa de ellos y su buen comportamiento, algunas parejas se mantienen juntas por años, y con el tiempo sus diferencias quedan allanadas.
Mantener el debido respeto a los padres. Es comprensible que los hijos se enfaden con tus padres, pero algo importante es que los hijos mantengan el debido respeto a ambos padres. Ellos, aunque separados entre sí y por las causas que sean, siguen siendo los padres. Mantener buena comunicación con ellos ayudará a que puedan expresar sus sentimientos con claridad y en el hogar pueda ir ganando terreno la paz, que ha sido rota con la separación. Los padres son humanos y por lo tanto propensos a equivocarse con frecuencia. Aceptarlos tal cual son es una ayuda para mantener el respeto y la honra que se merecen.
Dejar pasar el tiempo. Un refrán antiguo dice: “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”. Y cuán cierto es. El tiempo se encarga de curar toda herida, pero es necesario darle una ayuda práctica. Algunos expertos aseguran que todos los malos efectos emocionales de un divorcio pueden superarse en un promedio de tres años. Para un joven puede parecerle una eternidad, por eso es necesario adoptar ciertas medidas.
Evitar el aislamiento. Si ya es un hecho que la familia no volverá a vivir junta de nuevo, entonces se hace necesario reorganizar la rutina de vida. Se debe poner énfasis a las actividades obligatorias, como ayudar en casa, asistir a la casa y participar en otras actividades de familia (al menos con los miembros que hayan quedado). Ahora que se acabaron las peleas, los gritos, hay más tranquilidad para estudiar, o disfrutar de buena música o un película edificante.
Recurrir a la oración. Puede que los jóvenes no sean muy inclinados a las cosas espirituales, (y puede que precisamente el pasar por alto las instrucciones del Fundador de la familia hayan ocasionado la ruptura de la suya) sin embargo, si reconocen la existencia de un Creador amoroso, pueden comunicarse con él mediante la oración, no el simple rezo repetitivo. Los jóvenes deben aprender a volcar su corazón a Dios y experimentar el alivio y la paz mental que se adquiere por ello.
Hablar de los sentimientos. Lo ideal es que los hijos hablen con sus padres de sus sentimientos. Pero, puede que ellos, en su dolor no sean tan comprensivos por el momento. Por eso, buscar a una persona mayor de tu entera confianza, a veces es mejor que sea de fuera del círculo familiar (un maestro, un guía religioso, un profesional de la salud, etc) puede ayudar a que afloren sentimientos desconocidos. Hablar de ellos siempre ayuda, y aunque no se vean los buenos efectos al principio, estos vendrán con el tiempo, cosa que no ocurre si uno los entierra.
La vida continúa. La niñez y la juventud pasan rápido, y se puede obtener mucho de la vida si se saca provecho de las experiencias, aun de las más dolorosas. Los jóvenes deben concentrarse en actividades edificantes, como los estudios y la práctica de un deporte, o afición, de modo equilibrado. Los padres, aunque divorciados, siempre se preocuparán por ellos y con el tiempo pueden entender que fue una decisión sabia que se separaran, a pesar del dolor inicial. Si se ayuda a los jóvenes a fijar la vista en su propia vida, proveyéndoles toda clase de ayuda disponible, se evitará que el dolor los paralice o les transforme negativamente la personalidad. Hay que evitar que recurran al consumo excesivo de alcohol o drogas, incluso las consideradas como medicamentos. Mantenerse equilibradamente ocupado siempre resulta provechoso.
Hay mucho más que decir en este respecto, lo sé por propia experiencia. De eso hablaré en próximos artículos.
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