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Escriba y venza la depresión

Escriba y venza a la depresión

Joseph Mac Lean

 

 Hace mucho tiempo que la depresión se ha convertido en la enfermedad que afecta (o afectará) a toda clase de personas en todo el mundo, más tarde o más temprano. Básicamente la depresión se origina de fijar en la mente una multitud de "pensamientos erróneos", y el detonante puede provenir de cualquier hecho, sugerencia, fantasía, en realidad de cualquier cosa que sumen a una persona en una tristeza extrema e innecesaria y que afectan nuestros estados de ánimo.

 En algunos casos, los deprimidos albergan dos clases de pensamientos contradictorios entre sí. Uno de ellos siempre será de autocrítica severa, mientras que mediante el otro intenta hallar culpables fuera de su persona. Muchos de estos complejos pensamientos son difíciles de ser expresados mediante palabras, al menos no en una forma lógica y comprensible. Por lo general, la depresión altera la percepción que la persona tiene de la realidad y aprender a identificar los pensamientos que eso genera, al menos dentro de su propia mente, puede ser el primer paso para intentar un alivio a ese padecimiento.

 La ciencia médica moderna ya ha establecido que nuestro estado de ánimo se fija de acuerdo a lo que pensamos, y esto de sustenta en lo que ponemos en nuestra mente. En consecuencia, si pensamos de modo positiva, mejoramos de humor casi de inmediato. Lo contrario también es cierto. La persona deprimida necesita corregir sus pensamientos y suavizar así las reacciones emocionales sin proporción. Dicha persona llega a pensar que las cosas están realmente tan malas como ella lo imagina, sin ningún sustento.

  Una técnica que los terapeutas acostumbran usar, aún en pacientes crónicos, es lograr que ellos "escuchen sus pensamientos", en especial los negativos. Por eso, a menudo aconsejan: "Escriba sus pensamientos. ¡Atrápelos!". No importa que sean garabatos al principio, al dejarlos salir es más fácil percibirlos, y con el tiempo se podrá estructurar mejor los escritos, haciéndolos más lógicos y entendibles para todos.

 Un consejo que recibí, años atrás, fue escribir libremente mis pensamientos y sentimientos acerca del momento de profunda tristeza de la que parecía nunca iba a escapar. Cuando la especialista regresó con una gran lata en la mano, me sorprendió que, sin leer la gran cantidad de papeles que había escrito por ambas caras, me ordenó: "Préndeles fuego", metió los papeles en la lata y me dio una caja de fósforos. Al ver arder esos papeles que contenían mis más íntimos pensamientos y sentimientos, comencé a sentir un alivio que pronto me llevó a la recuperación casi total. De hecho, debo mantenerme alerta mientras viva... triste secuela de la depresión.

 En poco tiempo pude recuperar mi autoestima, aprecié la oportunidad que me brindaba mi recién recuperada libertad y empecé a trazar nuevos rumbos en mi vida. Ahora estaba yo solo conmigo mismo, lo que me pasara a partir de entonces dependía exclusivamente de mí. No iba a desperdiciar tan brillante oportunidad. Mediante componer un par de centenares de poemas, me di a la tarea de alcanzar nuevas metas, aprender otro idioma (el italiano), recuperar antiguas amistades que había alejado de mi vida, reconocer que aún tenía el apoyo de muchas personas que sí me amaban y que sufrían al verme postrado en ese estado de tristeza al que me llevó la depresión. Decidí tratarme a mi mismo como al amigo más querido que jamás haya tenido. Si iba a tener que vivir solo, sería entonces mi mejor compañía.

 Por supuesto, algunos breves períodos de tristeza se han presentado en los pasados tres años, pero de todos ellos he sabido salir adelante, en algunos caso ayudado por la lectura de algunos de esos poemas escritos durante el período más profundo de mi depresión. Aún escribo, aunque intento perfeccionar mi técnica. He descubierto personas mucho más triste de lo que jamás estuve y comparto con ellas este mismo consejo que recibí: "Escriba y venza a la depresión". ¡Así que manos a la obra!

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