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El acoso en el lugar de empleo (1)

El acoso sexual en el lugar de empleo (1)

 

Las quejas por hostigamiento sexual en el centro laboral aumentan de año en años en centenares de países, hasta el punto que la afamada revista Men’s Health declaró que "los casos de acoso sexual están proliferando como las bacterias". La revista Asia Week dice: "Los estudios revelan que 1 de cada 4 japonesas ha sufrido alguna forma de acoso sexual en público... Sólo el 2% de las víctimas emprende algún tipo de acción cuando esto ocurre".

 Aunque la prensa recoge de vez en cuando los pormenores de las demandas judiciales que se entablan por acoso sexual, la mayoría de los que lo padecen soportan en silencio la humillación, que se origina en el abuso del poder y la consecuente intimidación. Muchos casos no pueden llevarse a juicio por "falta de pruebas suficientes". Los acosadores, que han perfeccionado sus técnicas, recurren a toda clase de acciones sutiles, pero desvergonzadas, después de todo: tocamientos casuales e impropios, comentarios lascivos y miradas o gestos libidinosos. Aunque la mayor parte de tales acciones indecentes se ejecutan para atraer la atención femenina, cada vez son más los casos de mujeres, que en abuso del poder que ejercen, intentan seducir a sus empleados o colegas varones. Y, no son pocos los hombres que son acosados por otros hombres. Pero en todos los casos se trata de simplemente una "exhibición de poder".

Claro está, que ninguna compensación económica, de haberla, puede aliviar la indignación acumulada, que en muchos casos empuja a las víctimas a estados de depresión o neurosis y paranoia. La pérdida de confianza en uno mismo, el decaimiento en su propia productividad y autoestima, así como sus aspiraciones profesionales, hacen que muchas mujeres se vuelvan amargadas, retraídas y llenas de vergüenza.

 Lamentablemente, el acoso sexual en el lugar de empleo va en aumento, convirtiéndose en un problema de inmensas proporciones en la mayoría de países, y no sólo en los más desarrollados, como solía pensarse. Pero el asunto va más allá de una simple pérdida de los malos modales o la pérdida de normas de urbanidad. Es simplemente el reflejo de la "nueva moralidad" impuesta en la década de los sesenta del siglo pasado; hoy, se están cosechando sus amargos frutos por todas partes. Prescindiendo de sus causas, el acoso sexual es una lamentable realidad en los centros de trabajo. Ni siquiera los que tienen trabajo independiente escapan a esta realidad, por muy humilde que sea el servicio o producto que ofrezcan.

 Triste es decirlo, pero muchos consideran que este problema no es tan grave, y que la publicidad de los casos llevados a los tribunales, sólo favorecen a los medios, generando una histeria colectiva, que empuja a otras personas a entablar demandas sin el menor sustento.

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