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Crímenes de guerra del Japón Imperial

Crímenes de guerra del Japón Imperial

 

 La mayoría de personas desconoce que también hubo un Holocausto asiático, incluso de mayores proporciones y mayor duración que el Holocausto europeo. Estos  crímenes se cometieron en Asia durante el siglo XX y fueron perpetrados por miembros del Ejército y la Armada Imperial del Japón, entre 1895 y 1945. Gracias a un acuerdo entre el Japón y las Potencias Aliadas, la Historia ha silenciado estas atrocidades, cosa que no ocurrió con lo llevado a cabo por la Alemania nazi.

 Sin embargo, los japoneses fueron responsables de muertes y otros crímenes cometidos contra millones de civiles y prisioneros de guerra, en especial durante las campañas de la Segunda Guerra Mundial y otros conflictos bélicos previos.

 Por esos crímenes, muchos militares y civiles japoneses fueron juzgados por diversos Tribunales Internacionales. Unos novecientos individuos fueron ejecutados y otros miles fueron condenados a diversas penas de prisión, que en muchos casos fueron conmutadas y no pocos recibieron prontamente el indulto. Es de notar que el gobierno de Japón no reconoce, en base  a su ley interna, a los condenados como criminales de guerra.

 Según muchos historiadores, los crímenes de guerra cometidos por los japoneses se pueden rastrear hasta el año de 1910, o aún antes, y se extendieron hasta 1945. Para los occidentales, les es de importancia capital el período de 1941 a 1945, cuando entraron en guerra con el Imperio japonés. Si bien es cierto no siempre fueron los propios japoneses quienes llevaron a cabo esos crímenes, una pequeña minoría de personal que colaboró con ellos participaron también en esas atrocidades, aunque su responsabilidad ha sido considerada menor, o tan sólo una “colaboración” obligada.

Cultura militarista del Japón

La cultura militarista japonesa tiene sus raíces en los conocidos samuráis, quienes obedecían sin cuestionamientos a sus señores. Luego de la Restauración Meiji y el colapso del shogunato Tokugawa, el Emperador del Japón se convirtió en el centro de la lealtad militar y el culto sintoísta, pues era descendiente directo de la diosa principal Amateratsu.

 Desde finales del siglo XIX, el Japón emprendió una agresiva campaña expansionista, a la manera de las potencias occidentales. En 1890, el Estado japonés adopta como religión oficial al sintoísmo, con lo que el nacionalismo japonés empieza a dominar toda esfera de la sociedad y cultura japonesas. A todo nivel, se exigía obediencia plena al Emperador y sus representantes.

Luego de su triunfo en la Primera guerra contra China (1894-1895), el Japón ascendió como una potencia militar mundial, lo que se ratifico luego de derrotar a Rusia en la guerra que sostuvieron entre 1904-1905. En ambos conflictos bélicos, las fuerzas armadas japonesas se comportaron humanitariamente con los prisioneros de guerra y los civiles.

Pero en los años 30 hubo un cambio de actitud. Se creo una policía secreta militar, conocida como la Kempeitai, de estructura y fines similares a la GESTAPO que operaba en la Alemania nazi. La brutalidad se hizo presente de modo sistemático y los prisioneros políticos y de guerra fueron sometidos a toda clase de maltratos. Pero en realidad, cualquier ciudadano podía sufrir de represión, y hasta tortura, si se descubría poca devoción al Emperador o a sus representantes, e incluso de ser hallados negligentes en sus tareas.

Los hechos

Muchos historiadores disputan, en base a la cantidad de victimas, si Alemania o el Japón infligieron el mayor daño o sufrimiento a la población conquistada. Si nos basamos en las cifras,  es evidente que los japoneses se llevan de encuentro a los  nazis. Mientras que estos últimos asesinaros a seis millones de judíos, tres millones y medio de polacos no judíos, tres millones de prisioneros soviéticos y otros siete millones de civiles soviéticos, así como a unos cinco millones de personas de diversas nacionalidades en actos no bélicos, los japoneses masacraron a treinta millones de filipinos, malayos, vietnamitas, camboyanos, indonesios y birmanos, además de veintitrés millones de ciudadanos chinos; y, sobrepasaron a los nazis en la cantidad de personas esclavizadas para ser utilizadas como mano de obra forzada impaga.

El incidente más funesto resulta ser la Masacre de Nanking (1937-1938) cuando el ejercito japonés masacró a doscientos ml civiles y prisioneros de guerra chinos, aunque se cree que la cantidad fue bastante mayor. Además de los asesinatos en masa, el ejercito japonés llevaba a cabo una estrategia de exterminio denominada “tierra quemada”, política sancionada por el propio emperador Hiroito, que ocasionó la muerte “indirecta” de al menos casi tres millones de chinos.

Los japoneses llevaron a cabo experimentos médicos en seres humanos, en especial en ciudadanos chinos. También utilizaron armas biológicas y se estima que al menos doscientos mil ciudadano chinos murieron de peste bubónica, cólera, carbunco y oras enfermedades. Según historiadores japonesa, fue Hiroito quien autorizó directamente el uso de armas químicas en China. También, se ha demostrado que los japoneses utilizaron, con fines experimentales, gas cianido en prisioneros australianos y holandeses en noviembre de 1944 en las islas Kai, Indonesia.

 La tortura (y posterior asesinato de las víctimas) y hasta el canibalismo estaban en los programas de exterminio de los japoneses. La mayor brutalidad siempre era en contra de la población china. Generalmente, se asesinaba a los torturados para evitar ser descubiertos y se les enterraba en fosas profundas o se les llevaba a la selva para que sean devorados por las fieras.

Se han recogido muchos testimonios que dan cuenta de que los japoneses seleccionaban un numero de prisioneros que eran ejecutados diariamente, en cantidades variables, con el propósito de servir de alimento para las tropas. Muchas de las víctimas eran despedazadas mientras aún estaban vivas, y sus restos eran colocados en fosas comunes; algunos morían más tarde en ellas.

Aunque no existen cifras exactas, al menos cuatro millones de indonesios (otras fuentes aseguran que fueron diez) fueron forzados a trabajar para el ejercito japonés. Al final de la guerra sólo 52,000 fueron repatriados a su país. Otros diez millones de chinos fueron movilizados por todo el Asia para trabajo forzado. Tan sólo en la construcción del ferrocarril entre Birmania y Siam murieron cien mil prisioneros y civiles esclavizados.

 El ejército imperial japonés estableció, asimismo, estaciones de “confort” en todo el frente y obligo a centenares de miles de mujeres de los países conquistados a someterse a toda clase de vejámenes por parte de las tropas, sin ninguna compensación: Simple explotación y esclavitud sexual, como han reconocido recientemente las autoridades japonesas. Se ha responsabilizado de este reclutamiento forzoso de mujeres a  la Tokeitai, la policía secreta naval. Miles de mujeres morían durante las violaciones, o eran asesinadas si ya no sastisfacían a las tropas.

Finalmente, como en Europa, las tropas japonesas efectuaron un saqueo sistemático entre 1895 y 1945 de toda clase de bienes valiosos. Fueron creados depósitos secretos en todos los territorios conquistados, muchos de ellos administrados por delincuentes de la temible Yakuza, o también por oficiales bajo la orden directa del Emperador Hiroito. De hecho, se sabe que el hermano del emperador, el príncipe Chichibu, dirigió una organización secreta, denominada Kin no yuri (Azucena dorada) para este propósito.

Queda mucho por decir todavía de estos crímenes en contra de la humanidad, poco conocidos y que en nada debe perjudicar la simpatía que uno pueda sentir por el actual pueblo japonés. Sin embargo, como sucedió con los alemanes, bajo la tiranía nazi, los japoneses bajo el dominio del militarismo, una religión nacionalista y de obediencia férrea, y bajo la influencia de una propaganda perniciosa cometieron excesos aun mayores que sus aliados europeos, que la Historia, o las conveniencias políticas, se han encargado de silenciar.

Aunque el Japón, sólo recientemente, ha desplegado gestos conciliatorios hacia las naciones y pueblos agredidos, muchos piensan que son insuficientes e incompletos. La Historia dirá mas en el futuro.  

 

 

 

 

 

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