Un matrimonio sin amor, no sirve
Joseph Mac Lean
El día de bodas es para la mayoría de las personas uno de los más felices de sus vidas. La perspectiva del matrimonio al que se da comienzo les llena de gozo y esperanza. Casi todos esperan que su vida matrimonial sea una de dicha y felicidad creciente y permanente. La realidad, sin embargo, es otra para un alto porcentaje de matrimonios.
Pero no es sólo el divorcio la causa de dolor y frustración, pues incontables parejas se ven entrampadas en un matrimonio sin amor, y con pocas esperanzas de que su situación reciba alivio. Por lo general, los cónyuges viven bajo el mismo techo pero sin importarles los sentimientos y emociones del otro. Evitan pasar tiempo juntos, y apenas si se hablan, si es que no estallan en riñas y discusiones, a veces sin sentido. El "primer amor", que pronto se agota, ya no es siquiera suficiente para mantener a flote a una pareja. Es por eso, que aún mucho antes de iniciar los trámites legales del divorcio, éste ya ocurrió "de hecho".
Muchas personas, especialmente las mujeres, no consideran al divorcio como una opción viable, debido a muchos factores. Ante las dificultades y la negativa a obtener un divorcio deciden divorciarse emocionalmente: Cada uno por su lado... y todos felices, aparentemente. Pues evidente, que tanto una opción como la otra causas fricción y dolor no sólo a los cónyuges, sino a todos los allegados a la familia, en especial a los hijos, de haberlos.
Una relación compleja
El matrimonio es quizá una de las relaciones humanas más complejas y demasiadas personas la inician sin la suficiente preparación. Para conducir un automóvil o portar un arma se requiere de abundante preparación y brindar un examen; en cambio, la licencia matrimonial se obtiene a sola firma. Ahí, de hecho, está la raíz de la excesiva tensión que arruina a una gran parte de matrimonios... y el fenómeno es mundial.
Es natural que los contrayentes lo hagan con grandes expectativas, pero carezcan de las habilidades y cualidades necesarias para mantener su relación fuerte en el tiempo. Un profundo sentimiento de compromiso se hace imprescindible, sin importar que las circunstancias cambien.
¿Qué puede arruinar el amor?
La desilusión es quizá la razón principal; demasiadas expectativas poco realistas no contribuyen a fortalecer un matrimonio. Lamentablemente la mayoría de personas cree en los cuentos de hadas y en la visión fantasiosa de las novelas, canciones y películas románticas. El sueño del noviazgo se convierte en una pesadilla real durante el matrimonio, que acaba por destruirlo en su esencia.
La incompatibilidad también puede afectar la relación conyugal, si es que no se mantiene un punto de vista equilibrado respecto a las cosas en las que difieren y se centran en aquellas que de verdad los une y complementa de un modo singular. El secreto está en saber conciliar sus diferencias y respetarse mutuamente en cuanto a hábitos, costumbres y preferencias que se forjaron durante años de convivencia en ambientes culturales y familiares, a menudo disímiles. Muy pocos haces ese esfuerzo.
Las peleas son sólo el síntoma, no la causa. Las parejas discuten por cosas insignificantes y se dejan de hablar por días, pero esa es la única salida que hallan para no enfrentar los verdaderos problemas. Cualquier discrepancia se entiende por un ataque a la propia personalidad el otro, lo que lo pone a la defensiva y, en el calor de la discusión, se sacan a relucir otros pareceres que no tienen nada que ver con el asunto en cuestión. Se trata de ganar la discusión... a toda costa.
La indiferencia termina por arruinar a un matrimonio. Lo peor, es que mientras se da una apariencia de lucha, la verdad oculta es que ya se dio por vencida la persona (o ambos) y dejan que su matrimonio vaya a la deriva. Surge la apatía, que a la larga es tan destructiva como la hostilidad. Uno se acostumbra tanto a la indiferencia que pierde toda esperanza de que se produzca un cambio positivo. Y, tal como el dejar de regar una planta produce su muerte, así el matrimonio se seca y pronto se extingue.
Por supuesto, hay otros factores que contribuyen a que se desvanezca el amor del matrimonio. Pero lo más peligroso es no hacer nada por alcanzar una mejoría o, al menos, disminuir el dolor que causa un matrimonio sin amor. Aun en los casos más desesperados es posible hallar alivio y hasta curación, por muy desesperanzada que parezca la solución. La clave está en desear una mejoría. De hecho, la infelicidad conyugal es causante de muchos males: depresión, bajo rendimiento laboral y perturbación emocional en los hijos, de haberlos.
Sin embargo, lo que muchos pasan por alto es que las parejas que dejan de luchar se afectan espiritualmente también. Como ven pasar los meses y años sin una pronta solución, optan por buscar fuera del matrimonio lo que ellos consideran una "compensación" que creen lícita en su caso, pero que no aprobarían de modo alguno en su cónyuge o en otra persona. Esa hipocresía lleva a la destrucción de una buena conciencia y es terreno fértil para muchos otros males. El vivir largo tiempo en la mentira termina por deformarlos interiormente, pero más tarde o más temprano sale a la luz la verdad y esa traición termina por darle fin a su matrimonio y derrota cualquier intento por enmendar su rumbo.
Cuando se llega a este punto, no hay nada objetable en obtener un divorcio, pues el matrimonio dejó de ser honorable y es difícil recuperar la confianza y el respeto, dos pilares fundamentales del matrimonio, además que el amor se ha extinguido por completo.