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Palabras, palabras, palabras

rebuznar

¿Nunca sintió ganas de silenciar para siempre a un chofer impertinente por el estruendo que hacía con su bocina? Cuando le ocurra de nuevo, recuerde que bocinar y rebuznar tienen la misma etimología, y verá cómo su indignación cede lugar a un sentimiento de pena --que es más saludable-- por el infeliz conductor. En efecto, el verbo que usamos para expresar el estridente sonido emitido por el asno, el rebuzno, proviene del verbo latino bucinare, formado a partir de bucina o buccina ‘trompeta’, ‘bocina’. En la Edad Media se utilizó bucina para referirse al cuerno que tocaban los pastores o al instrumento de viento derivado de la trompa. A comienzos del siglo XX, en español se adoptó bocina como denominación de la corneta de los automóviles, pero desde los albores de nuestra lengua se llamó rebuzno al sonido emitido por el burro. Rebuznar aparecía ya en el Diccionario latino-español, de Nebrija, y rebuzno fue recogido en la primera edición del Diccionario de la Academia (1726), que lo definía así: La voz o sonido bronco y desapacible, que forma el asno, con diferentes altos y baxos: lo que regularmente hace quando quiere comer, o está à vista de la hembra. Se toma festivamente por cantar mal.

endriago

Los caballeros andantes que recorrían los bosques y praderas de Europa narraban incontables hazañas, algunas de las cuales tal vez fueran reales, pero muchas otras eran, ciertamente, fruto de su imaginación o, tal vez, de la creatividad de los cantores de gesta que alababan sus andanzas. Muchas de tales heroicidades estaban dirigidas a conquistar la admiración de jóvenes doncellas, lo que puede explicar el deseo de impresionar a quienes las oían. Entre las proezas narradas por los caballeros andantes, se destacaban las numerosas referencias a supuestas batallas contra el endriago, un "monstruo fabuloso con facciones humanas y miembros de varias fieras".
El nombre de la temible criatura parece ser una corrupción de hidriago, palabra formada por hidra (del griego hýdra ’serpiente acuática’) y dragón (del griego drakon ’dragón’). Cervantes habló del endriago en el Quijote:

Y si no fuese por esto, no se podrían socorrer en sus peligros los caballeros andantes unos a otros, como se socorren a cada paso, que acaece estar uno peleando en las sierras de Armenia con algún endriago o con algún fiero vestiglo [...]. (Quijote).

batahola

La cubierta de los antiguos navíos de guerra estaba bordeada por una baranda en la cual se apostaban los soldados en los encarnizados combates navales, ya fuera para disparar sobre el enemigo como para impedir las maniobras de abordaje, con el telón de fondo de la algarabía que solía acompañar esos cruentos enfrentamientos. Esa baranda se llamaba --y se llama aún hoy-- batayola, palabra formada a partir del catalán batallola, diminutivo de batalla. Batahola se usaba ya en el siglo XVIII, como vemos en este texto de 1758: La reina, el rey, el Papa y los cardenales, los duques, los marqueses y hasta los mismos provinciales le celebran a porfía; que dicen que es una batahola, una algarabía.

Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca "La fascinante historia de las palabras" y "Nuevas fascinantes historias de las palabras" 

 

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