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El imaginario del conquistador español

Por Enrique Viloria Vera

(Sábado, 11 de julio de 2009, en www.analitica.com)

Una precisión inicial
Arraiz/Mondolfi


El tema que nos ocupa ha sido ampliamente tratado por diferentes autores ibéricos, europeos y americanos (Azorín, Guillermo Morón, Francisco Herrera Luque, Guillermo Valencia, C. O. Bunge, Martín Hume, J. M. Salaverría, Fernando Savater, Carlos Fuentes, Arturo Uslar Pietri, Bartolomé de Las Casas, entre otros). Ha dado origen a las llamadas Leyendas Doradas y Negras; ha servido por igual para formular interpretaciones históricas, sociales y, en especial, psicológicas.

En relación con estas últimas destacan las refl exiones del venezolano Rufi no Blanco Fombona, quien en su libro El Conquistador Español del Siglo XVI, realizó una tarea cimera y de particular signifi cación para comprender tanto los caracteres propios de España como la particular manera de ser y entender la vida por parte de los conquistadores españoles, que es el objetivo último de sus sesudos y enjundiosos análisis.

En relación con España, Blanco Fombona asevera que para cumplir con su cometido intelectual, es decir, “para saber qué son, en puridad, los conquistadores, es necesario conocer antes, aunque sea de modo somero, el pueblo de donde salen y la época en que aparecen” (Blanco Fombona, 1981: 7 y 8). Y más adelante, en sintético e ilustrador comentario, afi rma: “Desde ahora puede afi rmarse que poseyeron, en grado máximo, la virtud muy española, del heroísmo. Fueron individualistas, españoles del siglo XVI, fueron de estricto fanatismo religioso, de una religiosidad carnicera, y tuvieron la dureza – muy racial pero también de época – que los parangona a los guerreros contra el Islam, y buscando la comparación fuera de España, a los tiranos de las repúblicas de Italia.

Fatalistas, dieron al azar en sus empresas más cabida que al cálculo.

Carecieron de curiosidad intelectual ante el espectáculo de civilizaciones interesantísimas que veían desmoronarse. El anhelo de obtener fortuna con poco esfuerzo, que hace de los españoles desaforados jugadores y de la lotería arbitrio rentístico, degeneró en ellos en feroz codicia, ante el espectáculo de riquezas insospechadas y les despertó auri rabida sitis. Sintieron un anhelo de aventuras remotas que los vincula a catalanes y aragoneses de las expediciones de Sicilia, Bizancio y Atenas; sintieron el dinamismo de aquella época de enormes descubrimientos: América, y poco después, los Archipiélagos de Asia; de enormes viajes, como los portugueses, italianos y españoles; de grandes guerras y decisiones violentas, hasta por cosas del espíritu como la religión. Tuvieron un orgullo de emperadores. Fueron, por último, incapaces de fundar estados pacífi cos y administraciones regulares en aquellos territorios que con tan insólito denuedo conquistaron.” (Blanco Fombona, 1981:10) Producto de estos condicionantes raciales, de estas características psicológicas, surgen entonces los Conquistadores Españoles de América que, nuevamente en opinión de Blanco Fombona, “fueron hombres muy maravillosos, muy de España y muy del Siglo XVI (…) Estudiemos al conquistador. Conociendo la psicología de su raza, comprenderemos con sólo verlo defi nirse por la acción, qué nexos psicológicos lo unen con el país de donde procede.

Sepamos a que clase social pertenecía, cuál era su instrucción qué ideas religiosas le preocupaban, en qué grado fue codicioso, religioso, heroico, individualista, dinámico, cruel. Observemos sus oscuras nociones del Derecho, sus querellas ante la Majestad real, su nulidad como administrador, y el fi n que tuvo aquella generación de gerifaltes. Descubramos la trascendencia civilizadora de su acción.” (Blanco Fombona, 1981: 93 y 94).

En nuestro caso, vamos más bien a centrarnos en la evolución e infl uencia de determinados actores institucionales en la Edad Media (la Iglesia Católica, el Imperio Romano – Germánico, El Islam, la Inquisición, la Monarquía Española), y en algunos otros relevantes elementos de corte religioso, literario y mítico (la herejía, la devoción católica, la aventura, el afán de fama y lucro, los mitos americanos, que contribuyeron a la creación del imaginario del conquistador español), sin enfatizar tanto en las dimensiones raciales, de origen social o psicológicas del conquistador español, ampliamente estudiadas por Blanco Fombona; todo ello para situarnos en el medieval e intrincado imaginario de ese español que llegó anheloso,evangelizador y por equivocación a América con algo más que sus caballos, cañones y arcabuces a bordo de una carabela.

Nuestro agradecimiento a los profesores Cristian Alvárez Arocha, Rafael Arráiz Lucca y Guillermo Morón por su apoyo con la bibliografía y por sus consejos sobre determinados aspectos del libro.

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