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La tan ansiada paz interior

La tan ansiada paz interior

Joseph Mac Lean

Todos deseamos ser felices. Nadie, en su sano juicio, quiere sufrir. Por eso, es importante descubrir qué nos causará la mayor felicidad, independientemente de las causas externas.

 La felicidad, siendo una sensación interna y propia de cada ser humano, está íntimamente ligada a la paz mental y a una cierta medida de progreso material. Sólo bajo estas circunstancias fundamentales podemos enfrentar las situaciones extremas y disfrutar de las que nos son agradables.

 La paz interior nos ayuda de dos maneras: 1) manejamos las situaciones con calma y madurez, y, 2) estamos en paz con los que nos rodean: el sexo, la edad, el grado de instrucción o el nivel cultural o económico alcanzado, entre otros factores.

 Aquí es bueno recordar la enseñanza bíblica ’Ana a tu prójimo como a ti mismo’. Puesto que nadie, por lo general, puede evitar las circunstancias externas perturbadoras, es vital prestar al desarrollo personal interior, es decir ’amarse uno mismo, aunque no de forma egoísta. Para desgracia o desagrado de muchos, demanda tiempo el desarrollar la persona interior, que es con la que tendremos que convivir el resto de nuestra vida y la mayoría de personas dedica lo mejor de sus energías y tiempo para el progreso material, casi de forma exclusiva.

 Si nos amamos apropiadamente a nosotros mismos, nunca descuidaremos la persona que somos en lo interior. Es natural que nos domine la ansiedad, la confusión y el estrés, y, puesto que cada persona es única e irrepetible, no existe una fórmula mágica o milagrosa que sea válida para cada persona y en todo tiempo y lugar, incluso bajo situaciones similares.

 He ahí la inundación de libros y artículos (incluido éste) de autoayuda, que ofrecen innumerables métodos perspicaces basados en la psicología y la psicoterapia que nos permiten observar de manera consciente al reino de las emociones.

 Es un hecho, comprobado por la ciencia, que la mente puede transformarse de alcanzar la tan ansiada paz interior. Pero es aquí donde entran en juego tres de las principales fuerzas que controlan al ser humano: la verdad, la belleza y la voluntad. Lograr el equilibrio entre ellas nos coloca en una posición ventajosa para alcanzar la tan ansiada paz interior.

 Por desgracia, como en todo asunto humano, el desorden y el caos están omnipresentes. Por eso, es vital efectuar ajustes periódicos, de los que hablaremos en otra oportunidad.

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