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Chabuca Granda... del Perú

Isabel ’Chabuca Granda’ nace en 1920 en Cotabambas, Apurímac y en 1923 viaja con su familia a Lima, donde radica.

  En 1927 forma el dúo "Luz y Sombra" con su amiga Pilar "Chamaca" Mujica. Ya en 1938 trabaja en Radio Miraflores como animadora de un programa para artistas aficionados. Para 1940 interpreta canciones mexicanas con Martha y Charo Gibson.

  Luego de una breve etapa laboral y tras sufrir una grave enfermedad a la garganta, a modo de divertimento se dedica a componer canciones. Su primera composición es el vals Lima de veras; la segunda, Callecita Encendida, le permite ganar un concurso organizado por la Municipalidad de Lima. Su obra cumbre vio la luz tan sólo dos años después, cuando estrena La Flor de la Canela. Luego vendrían Fina Estampa (1956),y  El Puente de los Suspiros (1960).

  Chabuca Granda efectuó durante su vida un inagotable esfuerzo por difundir su música fuera de las fronteras del Perú. Y lo logró a tal grado que por muchos años, La Flor de la canela era más conocida en Argentina, México y los Estados Unidos, que fuera de Lima.

  El 8 de marzo de 1983, Chabuca deja de existir en Miami y tres días después es enterrada en Lima.

  Con Chabuca Granda la música criolla pierde su aspecto crítico de la sociedad que le granjeara el desagrado de las altas esferas sociales, dominantes en el Perú. La modernización arrastró también un nuevo lenguaje, es decir mayor libertad para expresarse que se traduce en un crecimiento de la replana y la jerga. Para 1950, la dictadura de Odría había adormecido al país. El vals se hizo grosero y ramplón. Con eso, pensaban algunos, el vals era realmente criollo. Se burlan del negro, del chino y del indio. Cunde la chabacanería disfrazada de anécdota.

  La vena de Chabuca Granda salva al criollismo. La conjugación armoniosa de su expresividad poética y su inspiración musical, obra el milagro. Un sentimiento costumbrista y evocativo inunda las primeras letras de Chabuca Granda. Chabuca es sincera y llena de añoranzas y recuerdos de amores secretos.

  Chabuca idealiza el pasado generando una visión poética de le devuelve actualidad y así vence al tiempo. Chabuca, que proviene de un a familia de la clase media acomodada, renueva con su verbo poético el cancionero popular criollo. Al penetrar en las raíces de la música negra, limpió de impurezas a todo el arte musical peruano criollo.

  Después de su período "costumbrista" de los años cincuenta, en los sesenta Chabuca Granda inicia una etapa "revolucionaria" al escribir. Las obras de esta etapa son tan sinceras como las de la anterior. Cantó a la gesta emancipadora, a los oprimidos y a la historia. Además, debido a su acercamiento con otros jóvenes poetas de tendencia radical, como César Calvo y Juan Gonzalo Rose, su música adquirió un gran ’toque’ literario.

  Pero Chabuca siempre fue ’revolucionaria’ en un sentido diferente. Recogía las tradiciones, no para maltratarlas y eliminarlas, sino para renovarlas y proyectarlas. Así, Chabuca ingresó por la puerta grande al repertorio musical peruano y de Latinoamérica, que la cogió como una de sus más prestigiosas juglares.

  Su última etapa creativa se nutre de reivindicaciones feministas y tal es el caso de "Maria Sueños" y "Cardo o ceniza", que narra la historia del amor de una mujer madura con un  hombre más joven..."Como será tu piel junto a mi piel, como será tu piel junto a mi piel, cardo o ceniza, ¿cómo será?"...

  Su gran expresividad y sensualidad se desbordaban en sus interpretaciones. Como ella misma decía: "Yo, no canto mis canciones... las digo...", y eso bastaba, que duda cabe. No era una gran cantante, pero quien la escucha aún hoy día queda prendado de ese gusto  especial que poseía al cantar. Además, siempre tenía un gran acompañamiento: una guitarra y un cajón, que protegían hasta sus silencios.

  Chabuca Granda recogió el sentir popular primero y al procesarlo dentro de ella lo lanzó al mundo con un genio sin igual.

  Un hito adicional es que Chabuca le cantó al hombre, todo un acontecimiento para su época. Una época machista que por citar un sólo ejemplo, al cantarle al Perú  lo llamaban mi tierra, pero Chabuca le dice Bello Durmiente.

  Amante de la jarana, Chabuca fue acogida con mucho respeto por los zambos, chinos y mulatos... y el pueblo rara vez se equivoca. Su presencia engalanaba los zaguanes y solares y tal vez uno que otro callejón. Chabuca, y posteriormente Alicia Maguiña, salvan al criollismo de la influencia de ritmos extranjeros en los años cincuenta, y lo llevan a las altas esferas sociales de Lima y el Perú, rompiendo así décadas de indiferencia y falta de respeto por lo popular. 

  El criollismo del que se nutren tanto Chabuca como Alicia estaba lleno de ritmo, espíritu y sabor sin igual. La jarana es un ritual de fiesta culinaria y tradición.

  Se tratáse de un vals, una marinera o un landó, Chabuca Granda le cantó al Perú, pero abandonó lo trivial y cotidiano, inmediato y banal. El poema cantado cobra vida al escuchar los temas de Chabuca. No le quedó corto el tiempo a Chabuca. En sus poco más de sesenta años de vida y más de treinta dedicados a la composición utilizó el canto como arma reflexiva de nuestra propia realidad. Chabuca amó Lima y a sus habitantes. Logró adentrarse en sus corazones y nos cambió para siempre.  Chabuca consolidó al vals peruano y le dio mayoría de edad, además de un prestigio internacional, al pasearlo por distintos escenarios.

De sus obras.

  La Flor de la canela, su obra cumbre o la menos la más famosa, hace mención a Victoria Angulo, distinguida señora de raza negra, madrina de la Primera cuadrilla de cargadores del anda del Señor de los Milagros, y guardiana de exquisitas costumbres y tradiciones. Se dice que Chabuca resucitó la tapada limeña, aunque con otra piel. Se dice que cuando Chabuca trabajaba en la Botica Francesa del Jirón de la Unión, por allí pasaba diariamente, retornando a su casa del humilde barrio de El Montón, en el distrito del Rímac, Victoria Angulo, lavandera en las casas de los ricos. Chabuca la conocía desde niña y le prodigó un afecto muy especial. Los cabellos blancos de Victoria se convirtieron en "jazmines en el pelo", que contrastaban con su piel morena, tal vez sonrojada tenuemente por la agotadora caminata, como "rosas en la cara".

 

  De su plácida niñez surge El Puente de los Suspiros, cuya letra no puede ser más poética: "Puentecito escondido entre follajes y entre añoranzas, puentecito escondido sobre la herida de una quebrada..." Y, tal vez, también aquí le canta al amor secreto: "Es mi puente un poeta que me espera/ con su quieta madera cada tarde/ y suspira y suspiro/ me recibe y le dejo/ solo sobre su herida, su quebrada, y las viejas concejas van contando/ de la injusta distancia del amante..."

 

  De Fina Estampa, Chabuca cuenta que dedicó esa canción a su padre, don Eduardo Granda y San Bartolomé, su más grande amigo, cuyo único dolor que le infringiera a la compositora, fue su partida.

 

  Con Bello Durmiente, Chabuca homenajea al Perú entero. este es un poema sinfónico, escrito para agradecer la generosidad del país que la vio nacer. Este vals lo escribió en Europa, cuando en una especia de auto-exilio, se marchó pues le disgustó la elección de un presidente.

 

  En Coplas a Fray Martín, Chabuca homenajea a la cultura negra. De su madre aprendió que "la gente no es de colores" y vuelca aquí, y en otros landós, su especial cariño por todo lo negro.

 

  Chabuca, físicamente ha muerto. Pero mientras sus canciones se sigan tocando su contribución al acervo criollo estará vivo por siempre.

 

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