Mi canto, poema de Joseph Mac Lean
Mi canto
Joseph Mac Lean
A nadie molesto con mi canto.
a no ser que verdes por la envidia
contemplen que no hay en mí pesares,
ni remordimientos tontos o vulgares,
que opaquen la dicha inmensa
que siento tan sólo por tenerte.
En el ocaso de mi vida regalaste
melodías olvidadas por el tiempo,
y cuando mi cielo era muy sombrío,
lo llenaste de luz y de esperanza,
sembraste semillas de una fe palpitante,
me ofreciste tu amor como vendajes.
Que dichoso soy, por eso canto.
Nadie habrá de callarme, y lo siento,
que si antes temeroso de amar vivía,
hoy vivo para amar y ser amado,
y compartir mi dicha es mi deseo,
como el cielo nos regala su rocío.
Hoy camino cara al viento sin fatiga,
oigo el trinar de los pájaros felices,
veo estrellas donde sombras hubo;
del fondo de mi corazón calmado
fluyen ríos de palabras dulces,
que calmarán sedientos corazones.
Así es mi dicha, incontenible, mía,
no me puedo callar, debo gritarla,
pues si no tejo esta red sonora
que con gran esfuerzo convertí en canto,
los ruiseñores lo cantarían prestos,
o quedos susurrarían los manantiales.
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