Música negra del Perú
La vertiente negra de la música peruana es quizá el capítulo más importante de nuestra cultura diversa y generosa. El impacto que los esclavos negros han causado en la sociedad e historia peruana no tiene parangón. La influencia "negra", musicalmente hablando se halla en la diversidad de ritmos que los africanos, y sus descendientes, aportaron al acervo musical del Perú. La zamacueca, el festejo y el landó son tres bailes cuyos gráciles movimientos y contorneos son especialmente para ser bailados (correctamente por supuesto) por los de raza negra. Por eso quizá el cholo, pícaro y socarrón halló que la marinera y el tondero, de fuerte influencia negra, se adaptaban mejor a su anatomía y sentimiento.
Los esclavos negros y su música
La cultura criolla tiene tres vertientes principales: lo blanco, lo indio y lo negro. Los negros traídos temprano en la colonia para laborar en las haciendas de los amos hispanos, fueron marcados y vejados. Sus amos se esforzaron por que olvidaran todo vestigio de su tierra de origen. Cuenta El Payande, famosa canción peruana: "...Como mi madre fue negra esclava, también la marca yo la llevé / Suerte maldita llevar cadenas / y ser esclavo, y ser esclavo de un vil señor..."
No se piense que los negros que llegaron a las costas peruanas tenían un origen común; habían congoleses, angoleños, yerubas, mandingas, bantúes y cumís. Por eso el dicho de que "el que no tiene de inga tiene de mandinga". Lo sobrevivientes de la cruel travesía trasatlántica, como hermanándose en el dolor y la nostalgia común se mezclaron y olvidando quizá viejas rencillas tribales, fusionaron tradiciones, costumbres, bailes y canciones.
Una costumbre ancestral africana es la de cantar durante las labores, cualquiera que esta sea. Aquí las canciones se volvieron tristes, nostálgicas, que reflejaban el dolor no sólo de la separación de familiares y tierras ancestrales, sino por el dolor presente que el cruel amo español les infligía.
Conforme Lima y otra ciudades crecieron, esclavos y esclavas negras fueron requeridos para diversos servicios domésticos. Muchos fueron nuevamente desarraigados del campo y llegaron a formar parte de la bulliciosa plebe. Nuevos barrios surgieron y en poco tiempo los negros estaban bien integrados a las sociedades citadinas. Sólo la opresión y el castigo era igual a los campos. Los azotes, la prisión y hasta la muerte le esperaban al esclavo que intentaba siquiera desafiar la autoridad de sus amos.
En 1854 el general Ramón Castilla decretó la abolición definitiva de la esclavitud en el Perú, no sin antes garantizar una indemnización a sus amos.
Libre o esclavo, el estigma del negro estaba firmemente arraigado en la mente popular. Se veía al negro como persona de misterio y temor. Ya no lo podían esclavizar más, pero si lo desprotegieron y segregaron hasta el extremo. Pero el negro resistió y aportó a la construcción de la gran cultura peruana.
El barrio de Malambo (hoy avenida Francisco Pizarro en el distrito del Rímac en la capital peruana0, y La Victoria; al sur de Lima, en Cañete y Chincha y hasta la lejana Nazca, vieron crecer grandes comunidades de negros. Al norte en especial en la ciudad de Zaña, en Lambayeque, también surgió una importante comunidad negra.
A principios del siglo XX muchos festejos surgieron de la fusión con la música andina. Así el violín llegó a formar parte de la instrumentación de estos festejos. Otro aporte andino fue el zapateo, que el negro adaptó de las danzas andinas.
El callejón
El callejón era un colectivo de viviendas que en muchos casos alienta el hacinamiento, pero a su vez genera un sentimiento peculiar entre sus habitantes. Unos podían vivir arriba y otros abajo, cerca o lejos del único caño que brindaba agua a su población. Sin embargo, todos compartían la desilusión producto de la marginación, compensada quizá con su alegría al cantar y al bailar. Nadie podía, allí en su mundo escondido, ponerle grilletes al movimiento de caderas. Las jaranas eran bulliciosas y en un callejón tras otro podían durar días enteros.
Mal así como injusto como se les viera por fuera, debemos agradecer al callejón la existencia de la música criolla, y de lo ’negriode’. Allí se conservó, se cultivó y transformó en el ritmo que hoy orgullosamente muchos cantantes pasean por los cinco continentes.
Poco a poco, cantantes ajenos a las raíces negras (al menos en su apariencia) comenzaron a incluir temas negroides: Teresita Velásquez, Jesús Vásquez y Los Trovadores del Perú, cantaron temas como Congorito, Don Antonio Mina y Cantando te conocí, o más recientemente Cecilia Bracamonte.
Con el apogeo de la radio y la aparición de artistas negros como los Santa Cruz, los Vásquez y los Ascuez, otros como el maestro Filomeno Ormeño, aunque sin raíces negras, compusieron hermosos festejos.
Chabuca Granda, autorizada por su serio trabajo sobre las raíces de la cultura criolla peruana, rechazó, bien intencionadamente, el término ’negroide’ por considerarlo ofensivo. Se inició igualmente un esfuerzo por volver a las auténticas raíces negras y superar la etapa ’negroide’. Importante labor cumplirían aquí los hermanos Santa Cruz y la familia Vásquez. Ronaldo Campos creó en los años sesenta el famoso conjunto Perú Negro, cuya calidad de interpretación le valió el aplauso en todo el mundo.
En los sesenta y setenta lo negro estaba de moda. En el deporte los negros destacaban en el fútbol y el atletismo: Teófilo Cubillas, Perico León, Julio Baylón, Alberto Gallardo, Pitín Zagarra no sólo clasificaron al Perú al mundial azteca de 1970, sino que pocos años más tarde bravos morenos y patizambos conquistaron el campeonato sudamericano en 1975. Los negros estaban de moda. ¿Y las ’manos morenas’ de nuestras esforzadas voleibolistas? No se quedaron atrás. Lucha Fuentes, Ana María Ramirez, Alicia Sánchez, Aída Reyna, Emperatriz Manso, Ana Cecilia Carrillo, las hermanas Román, Belinda Córtez, entre otras, ganaban medalla tras medalla, haciendo temblar a cuanto encopetado rival se les ponía enfrente: Cuartas en los Juegos Olímpicos de México, medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Winnipeg (1967), campeonas sudamericanas en el mismísimo Sao Paulo por primera vez derrotando al temible Brasil. Y adivinen quién fue la mejor matadora de ese certamen. Sí, acertaron: la morena Luisa ’Lucha’ Fuentes. Pero, nos estamos entusiasmando con el deporte, que será motivo de otro trabajo.
Los negros y negras del Perú causaban sensación. Se les entrevistaba, se televisaban sus hazañas y logros. Aunque tímidamente al principio pronto la masa se interesó más y más por todo la cultura negra. Los compositores y recopiladores de festejos y landós abundaron y surgieron temas como Toro mata (recopilado por Carlos ’Caitro’ Soto) y Raíces del festejo (de Pepe Vásquez en homenaje a su padre Porfirio Vásquez), por citar sólo estos ejemplos. Incluso Pepe Villalobos, que sin ser negro, se animó y compuso Mueve tu cucú, que pícaramente se refiere al reloj de cu-cú que eran comunes en muchos hogares, y no se refiere a lo usted está pensado..mal pensao!
Hoy por hoy, Eva Ayllón, morena por supuesto, cumple treinta años difundiendo la música criolla y no ha olvidado incluir en su repertorio toda una gama de temas ’negroides’. De ella nos ocuparemos ampliamente, ténganlo por seguro.
La zamacueca
Antecedente inmediato de la marinera, término que según se cree proviene de la frase "zamba chueca". Las tropas libertadoras de Argentina y Chile, al retornar a sus patrias, llevaron la zamacueca y la transformaron en la zamba argentina y la cueca chilena.
La zamacueca es ironía hecha baile. Se satiriza todo suceso histórico de importancia o no. Pero al poco tiempo, los temas románticos, pícaros y hasta eróticos se apoderan de la zamacueca. Hubo por esto un rechazo oficial de las aristocracias limeña y trujillana, al considerar estos bailes como diabólicos.
La cultura negra es un ejemplo de como el ser humano puede trocar la miseria y el dolor en alegría. Aún hoy los negros del Perú se encuentran marginados y circunscritos a escasas importantes labores fuera del canto y el deporte, donde sí son figuras destacadísimas. Hoy por hoy, Cecilia Tait, la ’Zurda de Oro del Perú’ es flamante congresista, reelecta por cierto y preside la Comisión de la Juventud y el Deporte. Victoria Santa Cruz y Susana Baca no sólo son reconocidas como artistas. Son también consideradas toda una autoridad en temas antropológicos y sociológicos de la cultura negra. Debemos mencionar también al moreno José Luis Risco, que de dirigente sindical fue catapultado como congresista de la República para el período 2001-06.
Es cierto que lo que mejor hacen los negros es cantar y bailar, aunque no decimos que no tienen capacidades para desempeñar cualquier actividad. Confiamos que esta breve reseña les ayude a apreciar en toda su dimensión la riqueza que encierran estos cantos a la vida y la esperanza... la música negra del Perú.
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