Gracias, Padre!
¡Gracias Padre!
Joseph Mac Lean
Me consuela saber que si una vez fui dichoso,
y majestuoso me remontaba a lo alto,
nunca dejé de agradecer al Cielo bendito
por recibir tantos inmerecidos favores.
Por eso cuando me tocaron los desencantos,
que invariablemente sufrimos en esta vida,
nuevamente elevé mi mirada al Eterno
y le conté con llanto mis quebrantos.
Vaya, ¡cómo demoró Su respuesta!
Y aunque mis pasos se hicieron muy lentos
jamás detuve mi marcha, ¡ni pensarlo!
Esperé y confié en Su sabiduría infinita.
Y un día, el que menos yo esperaba,
el trinar de una avecilla menuda,
que se posó en mi iluminada ventana
fue la señal: ¡Del hoyo profundo había salido!
Un paso aquí, otro más adelante, y así
una vez puesto sobre un peñasco, seguro,
despojé mi interior de cargas pesadas
y de nuevo me alimenté, no de pan por cierto.
Han pasado, ya no sé cuantos meses
y cada día, hoy como ayer, soy dichoso
y por eso mis labios, como siempre lo hicieron
por gratitud alaban al Divino Supremo.
Cada mañana temprano, o a veces
son pocas, lo reconozco, de veras,
tarde por las noches Su Nombre Santo
pronuncio callado o muy en alto.
¡Gracias, Padre mío, pues me has demostrado,
que siendo un Dios de Amor, de Paz y Justo
me has dado el mejor de los regalos:
vida, salud, sustento, razón y sentimiento!
Y junto con todo eso, la feliz, bendita esperanza
de ver una vida sin fin, bajo tu Reino ansiado,
por eso te pido me des más fe y fuerzas
y pueda ayudar a sanar a los quebrantados.
Ya vendrán de nuevo tiempos mejores,
todo lo malo ni siquiera será un recuerdo.
Nadie, ni yo, clamará en lastimero llanto,
que si habrá de llorar, será de pura alegría.
¡Gracias Padre! Y espero aceptes mis humildes,
pero sinceras y gratas ofrendas, y por cierto
también perdones mis comunes caídas,
pues sé que jamás buscas en mí los errores.
¡Gracias Padre! Sea tu Santo Nombre alabado
y uno mi voz a los millares que en alto
lo dan a conocer por doquier, aun en penas
o tal vez venciendo incontables tentaciones.
También es mi más grande consuelo,
que si un día dormir en la muerte debo
sólo será un breve, fugaz momento:
Si me apruebas, ¡llamarás y me levanto!.
¡Gracias, Padre! Tu amor me ha sanado
Tú me concedes la gracia de tenerte a mi lado,
uso y usaré lo ganado para sembrar, como antes,
las semillas del Reino de tu Hijo, el amado.
0 comentarios