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¿Qué y por qué leer?

¿Qué y porqué leer?

Joseph Mac Lean

 

 


El saber leer es un privilegio negado a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, los privilegiados que sí saben leer dedican cada vez menos tiempo a la lectura. Si acaso dedican unas cuantas horas a la semana a hojear una revista o un periódico, rara vez escogen un libro y dedican algún tiempo a leerlo. Muchas personas consideran innecesario dedicar tiempo a la lectura y prefieren otro tipo de actividades, especialmente las recreativas.

Por supuesto, no existe una respuesta completa a las preguntas “¿Qué y por qué leer?”. En vista de la multitud de libros publicados y las decenas de miles de libros que se imprimen cada año, es normal que uno se sienta abrumado... pero no es necesario que uno lea TODO. Hay necesidad de ser selectivo. Además, conforme uno va creciendo, siente que debe ir tomando sus propias decisiones ante los nuevos retos y circunstancias que la vida adulta presenta. Aunque los consejos y experiencia de los demás, puede ser muy útil, uno descubre que no alcanza una verdadera libertad sino toma sus propias decisiones, con pleno conocimiento de las consecuencias que ellas conllevan.

Por supuesto, para habituarse a la lectura es necesario escoger literatura en la lengua nativa de uno. También los libros a escoger deben ser cortos, como cuentos o novelas cortas de autores conocidos.

Muchas personas han encontrado práctico revisar sus libros de literatura de la escuela, y verificar que libros pasaron por alto y que se recomendaban para su formación educativa integral. Aparte de los clásicos, como la Biblia, La Iliada y La Odisea (Hpmero), están por supuesto: El Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes), Edipo Rey (Sófocles), La Divina Comedia (Dante Aligheri), Romeo y Julieta (William Shakespeare), El escarabajo de oro (Edgar Allan Poe); El jugador y Crimen y castigo (Fiodor Dostoievsky); El viejo y el mar (Ernest Hemingway); Veinte mil leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne); El Lazarillo de Tormes (anónimo); y El retrato de Dorian Grey (Oscar Wilde), entre los clásicos más recomendados de la Literatura Universal.

Tratándose de autores latinoamericanos se puede citar a María (Jorge Isaacs); Cien años de soledad y El amor en tiempos del cólera (Gabriel García Márquez), La ciudad y los perros y Conversación en la Catedral (Mario Vargas Llosa); Cien poemas y una canción desesperada (Pablo Neruda). Y, ¿por qué no intentar con los nuevos escritores latinoamericanos como Carlos Fuentes o Laura Restrepo?

Una vez se haya puesto al día con algunos clásicos, siempre hablando de obras literarias que consisten básicamente en escritos de ficción, uno puede orientarse a cierto tipo de novelas: históricas, románticas, policiales, de espionaje, de guerra, del viejo oeste americano, de misterio. También es útil consultar qué están leyendo las personas con las que nos relacionamos. Anotaremos en una libreta pequeña los títulos y los autores y algún comentario que se nos haya hecho sobre la obra o el autor. Pero no siempre se fíe de los comentarios de otros. Personalmente me desilusionó La insoportable levedad del ser del afamado Milan Kundera, y que decir de Los amantes  de Morris West; a otros amigos (que me las recomendaron) les impresionó, pero pude haber prescindido de ellas sin ningún problema. Caso contrario me paso con Mila 18 de Leon Uris, llena de los apasionados relatos de los miembros del guetto judío de Varsovia y su lucha por sobrevivir o morir con algo de dignidad al menos. Esta es una de las pocas novelas que reservado para una segunda lectura en algún tiempo en el futuro.

Más importante aun, es revisar con cuidado nuestra propia biblioteca personal o la de la familia. A menudo hay allí muchas obras que hemos pasado por alto en el pasado. Hace poco haciendo un reordenamiento de mi biblioteca personal encontré dos obras que no he leído aun: Ivahoe  de Walter Scott, y Madame Bovary  de Gustave Flaubert. Por supuesto, las ubique en el lugar de los “PENDIENTES” para su próxima lectura.

A veces uno se aficiona a un determinado autor por el placer que sintió al leer una de sus obras. Pero no es conveniente dejarse “atrapar” por un solo autor; se puede alternar con otros autores. Eso me sucedió hace muchos años en que la madre de un amigo me “aficionó” a Agatha Christie, la escritora inglesa de novelas de misterio. Aunque tal escritora escribió más de 300 novelas, durante los años 80 leí aproximadamente unas 30 novelas de ella, empezando por “El testigo mudo”. Pero sólo recientemente he vuelto a disfrutar de sus obras, que intercalo con las novelas de José Saramago, Leon Uris, Umberto Eco, Sydney Sheldon, Dominique Lapierre, Chistian Jacq, John Grisham, Morris West, entre muchos otros.

Cuando me preguntan acerca de qué leer, lo primero que se me viene a la mente es recomendar Ensayo sobre la ceguera del portugués José de Saramago (ganador del Premio Nobel de Literatura 1998). El reciente estreno de la película basada en esta obra puede haber animado a muchos a leer la obra, eso es seguro. De este autor he leído ya: Ensayo sobre la lucidez, El Evangelio según Jesucristo, y Las intermitencias de la muerte. Considero a Saramago un escritor muy imaginativo, fácil de leer, sin complicaciones de personajes demasiado elaborados (y a menudo anónimos). Con toda seguridad disfrutaré de El año de la muerte de Ricardo Reis, El hombre duplicado, La caverna y Todos los nombres, que esperan en mi biblioteca bajo “PENDIENTES”.

Otra escritora que recomendaría es Isabel Allende. De lectura ágil y con un buen sentido del humor, Allende abarca una variedad de temas. Recuerdo que hace unos años leí Afrodita, todo un recorrido por el mundo de la supuesta culinaria afrodisíaca. Cuánto aprendí (y me reí) con ese libro, al punto que (cosa rara) ha regresado también al lugar de los “pendientes”. Hasta el momento he leído (y recomiendo) de Isabel Allende: La Ciudad de las Bestias, Afrodita y El reino del Dragón de Oro. Pero quedan pendientes sus obras mas afamadas: La casa de los espíritus, Paula, Mi país inventado,  entre otras.

Claro está que aquí solo me refiero a las obras de ficción como las novelas, pero existen una multitud de obras de tipo autoayuda, de referencia histórica, y los libros técnicos que son imprescindibles en nuestra ocupación o profesión.

Otras fuentes de referencia

Si uno no sabe qué leer, basta con visitar una biblioteca cercana o pasear por una buena librería (con o sin ánimo de comprar). Pregunte sin temor acerca de algunos libros. La gente que allí atiende es muy profesional y, por lo general, ofrecen acertadas sugerencias.

Los diarios traen semana tras semana comentarios literarios que nos pueden dar una idea sobre la obra. Una vez escogido el tema o el libro, al principio, dedique unos minutos cada día hasta que sienta que la obra le ha “atrapado”; poco a poco va a ir aumentando el tiempo que le dedique a la lectura. Hágalo por placer, no sienta ningún tipo de presión.

La cantidad de nuevas obras que se publican cada año (tan solo en español) es realmente impresionante; mas no se deje intimidar... nadie puede leerlo todo... nuestra vida es demasiado corta y llena de problemas y tribulaciones que son pocos los momentos que podemos dedicarnos al  verdadero placer de la lectura.

 

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