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No afirme, pregunte

No afirme, pregunte

                       

Se hace rodar una pregunta, y es como echar una piedra cuesta abajo: allá va la piedra, haciendo rodar a otras.” Robert Louis Stevenson

                                                               

  Introducir un tema de conversación es emocionante y, la verdad, todo un arte.  Es maravilloso observar como un ancho mundo de expresiones, pensamientos y temores se abren paso para enriquecer nuestra vida y la de los demás. Adquirir la virtud de formular la pregunta adecuada en el momento oportuno nos permite abrir las puertas de la comunicación, y a sí evitar el sentirnos excluidos.

  A menudo tenemos la sensación de que aunque en apariencia parecen estar escuchándonos de pronto nos invade la sensación de que nadie está prestando la más mínima atención a ni una sola palabra que proferimos. ¿A qué se debe eso? La mayor de las veces es porque estamos hablando de lo que a nosotros no parece interesante, y no hemos preguntado si eso mismo les parece al menos interesante a quienes nos escuchan.

  El preguntar y no afirmar, parece un consejo muy sencillo, y de hecho lo es. Pregúntese ¿hace cuánto tiempo que no lo pongo en práctica? Pruebe conscientemente algunas preguntas en los próximos días y verá los excelentes resultados. El hogar es un buen lugar para eso.

  Es sólo natural que al principio los oídos de los que le rodean parezca que siguen sordos, mas eso puede deberse no a la pregunta en sí, sino al hecho de que usted esté preguntando. Conforme usted y los demás se acostumbren a sus preguntas, la comunicación se hará cada vez más fluida y provechosa.

  ¿En qué consiste el arte de preguntar? El primer paso es que usted elija las preguntas acertadas y sobretodo usted debe estar dispuesto a escuchar toda la respuesta. El formular preguntas inteligentes es la forma más elevada de escuchar, y por supuesto, esto no puede finarse ni es obra de la realidad. Debe surgir de lo íntimo del ser. He aquí algunas preguntas típicas que puede usted usar:

    ¿Quieres explicarme cómo es eso?

    ¿Cuán empezaste a interesarte en eso?

    ¿Por qué te veo tan contento/triste esta mañana?

    ¿Por qué dices eso con tanta seguridad?

    ¿En verdad opinas/crees eso?

    ¿Quién crees tú que …?¿Por qué crees eso?

    ¿Me puedes dar tu opinión respecto a…?

    Te/se ha(s) preguntado alguna vez….

 Puesto que es probable usted ya tiene algo de experiencia en esto de preguntas con acierto, debe saber ya cuáles dan los resultados deseados y cuáles no, ¿verdad? Por eso es conveniente que usted trate primero en casa, donde de seguro serán más comprensibles si usted comete alguna indiscreción.

  Cuando uno pregunta algo a alguien, y a continuación se dispone a escuchar, logra que la otra persona se sienta halagada, en primer lugar.  Si usted presta atención genuina a lo que le dice, en realidad usted le está diciendo a su interlocutor: “Eres la persona más importante para mí (al menos en este instante).” Usted debe detener cualquier otra tarea y prestar atención. Debe también fijar la vista en quién habla y despedir de la mente cualquier otro pensamiento. Si no está dispuesto a conceder la importancia que se merece la respuesta, no pregunte en ese momento.

  De aquí se desprende la importancia de formular la pregunta correcta en el momento oportuno. Siempre hay momentos muy oportunos para las preguntas profundas, recuerde que también dar tiempo para escuchar con atención la respuesta.  A menudo la vida tan agitada que llevamos nos hace que siempre estemos afirmando en vez de estar preguntando, ¿no es cierto? Y, si por casualidad, hacemos una pregunta al paso, en verdad rara vez escuchamos la respuesta pues de inmediato fijamos la vista en el televisor, o enterramos la cabeza en nuestra lectura del momento.  Lo más común es que dejamos volar la imaginación y lo que es peor todavía, comenzamos de inmediato a juzgar cada pensamiento que llega a nuestros oídos.

  Aunque no existe una receta válida para toda persona en toda ocasión, he aquí algunas recomendaciones valiosas:

  1. Aproveche toda oportunidad favorable para presentar una pregunta penetrante y en seguida calle.

  2. Una pregunta juiciosa y directa vale más que una docena de preguntas indiscretas.

  3. Haga la pregunta que en verdad logre que la persona exprese lo que en verdad ella piensa, y recuerde que usted debe estar interesado en escuchar tal respuesta.

  4. Esté dispuesto a escuchar. A veces el largo silencio responde al hecho de que la otra persona está elaborando una respuesta a su pregunta… o tal vez no tenga tal respuesta aún.

  5. En todos los casos, la calidad de la pregunta no es tan importante como su disposición a escuchar con atención la respuesta.

  6. No se engañe: Su pregunta debe ser genuina y estar basada en su interés por escuchar lo que se va a decir, y no en adular a su interlocutor o en tratar de influir en él.

  7. Concéntrese en las preguntas que muestren los sentimientos de esa persona más bien que a los hechos.

 

  Sí, la lista puede continuar indefinidamente;  la clave de todo es: estar interesado en el tema. Use las preguntas que muevan a la reflexión y evite aquéllas que puedan ser contestadas con una sola palabra. Ensaye todo el tiempo y pronto verá los resultados.

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